Amigovios, amigos con beneficios, amigos con derechos, amigos de cama, cogeamigos … Es irónico que una relación “sin títulos” tenga tantos.
Hoy por hoy tengo claro que no son para mi, al aprender de la manera más dolorosa. Yo creí que podía hacerlo; mas no sabía, que al establecer intimidad física también vinculaba intimidad emocional, que es la más complicada. Teniendo claro todo eso, para mi fue imposible evitar que mis emociones también se metieran entre las sábanas.

Afortunadamente en este caso, nada dura para siempre. Abrir los ojos y ver como son las cosas en esa “no relación” resultó más complicado de lo que esperaba.

No creo que sea su culpa exclusivamente. Al final estas relaciones (si, sin las comillas) son consensuadas y en este pseudo contrato rompí la más importante de las reglas: NO ENAMORARSE.

De pronto comprendí que somos y seremos siempre como las líneas paralelas: siempre cerca, pero nunca entrecruzadas.

Aprendí y de la manera más dura; que no importa cuanto esfuerzo ponga en ser la mujer que siempre ha buscado. Si es que siempre voy a perderme a mi misma al tratar de ser lo suficientemente buena para el.

Me cansé de ser siempre (y obviamente en el mejor de los casos) su segunda opción. No le culpo de eso; porque estoy consciente de que ese es mi error al permitirle tratarme así.

Ahora sólo espero poder liberarme de toda esta maraña de emociones, amor, decepción, ilusiones rotas. Porque es realmente triste que por no saber controlarme en un momento de lujuria, y que con el paso de los días me negué a parar, esa amistad que era tan importante, valiosa y bonita haya terminado yéndose al carajo.

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Si veo todo el recuento de los daños ambos perdimos mucho: por mi parte perdí mi tiempo, mis esperanzas, mis ilusiones y sólo gané un corazón roto. Por su parte el perdió mi confianza ciega, mi amistad, su tiempo, a alguien que se enamoró de el incondicionalmente y con todo lo que eso implica y lo único que ganó fue esa soledad de la que tanto deseaba huir.

Por: Trice Olmedo



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