No creí que pasaría. Siempre pensé que cada persona podía encontrar a su alma gemela y quedarse por siempre junto a ella. Pero a veces no es así.  Nunca sabes la verdad de alguna leyenda o suceso hasta que te pasa, y a mí me ocurrió.

Me enamoré de un chico que era muy especial para mí. Teníamos muchas cosas en común, nos encantaba pasar tiempo juntos y sentíamos que nos conocíamos prácticamente desde otra vida. Recuerdo que, luego de comenzar a hablarnos, me dijo que se había enamorado de mí a primera vista, y de cierta forma le creí de inmediato. La conexión que teníamos era increíble y nada ni nadie nos podía separar. Estar con él provocaba que yo comenzara a creer en el amor.

Pasar tiempo con él era genial y me encantaba la manera en la que me hacía sentir, y cómo crecíamos y mejorábamos como personas, y como pareja, a través del tiempo. Hasta que el día que más temí llegó: la separación.

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Cada paso que daba, cada objeto que miraba me recordaba a él. Era como estar encerrada dentro de una burbuja sin entender nada de lo que pasaba y sin encontrar una salida. Pese a que sabía que todo terminó y que era necesario seguir adelante, algo me detenía y me obligaba a volver mentalmente hacia él. No tenía claro qué era, pero por alguna razón no podía sacármelo de la cabeza, y lo peor, del corazón.

Las marcas que había dejado en mi piel y en mi vida no se borraban, y, al parecer, tampoco querían hacerlo. La inmensidad de mi falsa sonrisa no alcanzaba a cubrir toda la tristeza que estaba sintiendo a diario. Y a pesar de que lo veía feliz y sonriendo, estaba segura de que él también pasaba por lo mismo, aunque no quisiera admitirlo.

Quería olvidarme de él y poder estar mejor, pero era imposible. Tal como él lo hacía. Pasaron semanas y semanas y todo me recordaba a los momentos que pasábamos. Por más que trataba de creer que no volvería a verlo, el corazón me decía que, a pesar de todo, tarde o temprano volveríamos a estar juntos. Y claro, recuerdo que una vez él me dijo que sentía como si estuviésemos destinados a estar juntos, pues todo parecía como si nos conociéramos de otra vida y que el destino nos juntó, y nos uniría una y otra vez. Después de recordar eso, todas las piezas calzaron dentro del rompecabezas en el que se había transformado mi mente.

“Un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias. El hilo se puede estirar o contraer, pero nunca romper”.

¿Conocen la leyenda del “hilo rojo”? Es ésa que dice que hay personas que están destinadas a encontrarse una y otra vez sin importar lo que pase. Todas tenemos a ese amor al que jamás podremos olvidar. A ése al que siempre volveremos y amaremos con el alma. Pase lo que pase, la vida siempre los volverá a juntar. Estoy segura de que eso es lo que me pasó, y a lo que a muchas les ha pasado o pasará.

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No importaba qué sucediera, siempre el destino encontraba la oportunidad de encontrarnos, donde sea, en el momento que fuese necesario. Y aunque estábamos separados y con el dolor de haber terminado nuestra relación, aún sentíamos el mismo amor de siempre, aunque, personalmente, yo creo que era más fuerte. Volver a verlo era como conocerlo otra vez, como volver a abrir un ciclo y estar viviendo una nueva vida.

No había manera en la que pudiésemos olvidarnos el uno del otro. Ambos teníamos ese deseo y esa seguridad de que la vida nos volvería a juntar, y que la leyenda del hilo rojo se aplicaba a la perfección en nosotros que, por más que tratábamos de olvidarnos mutuamente, por más que tratábamos de romper el hilo, no podíamos estar lejos el uno del otro.

Nuestro hijo rojo era demasiado fuerte. Pudo haberse enredado y estirado un poco, pero el amor que sentíamos el uno por el otro y esa fuerza y unión que nos caracterizaba hizo que nos volviéramos a encontrar y hoy estemos juntos otra vez.

Después de todo, hay leyendas que sí pueden ser ciertas, y creo que hoy más que nunca le agradezco a la vida que me haya traído de vuelta a la persona que amé y amo con todas mis fuerzas y que seguiré encontrando pase lo que pase.

Y tú, ¿tienes tu hilo rojo?

Autor intelectual: Andrea Araya Moya



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