Estuve con una persona que no sabía lo que quería, que no sabía qué camino tomar ni qué quería de la vida. Su poca orientación me enseñó muchas cosas de las que yo no me había dado cuenta. Era inestable, no tenía claro hacía donde quería ir y en las relaciones era igual de indecisa.

Le gustaba el blanco, pero también el negro, aunque el gris también le llamaba la atención. Quería estar aquí, pero además allá, ¿Quién puede con tanta vacilación? Era de esas personas que no sabes si quieren estar contigo o no, si de verdad te aman o simplemente eres un pasatiempo novedoso.

En la relación nunca pudimos congeniar concretamente, me quería, quería estar conmigo, pero no lo suficiente como para tener una relación seria. Quería tiempo, que estaba muy confundida, que tenía muchos problemas y demás, para esa persona yo debía entenderla ,pero, ¿Quién me entendía a mí?

Las excusas eran su plato fuerte, tenía demasiadas trabas e inconvenientes para estar conmigo por completo, en toda su esencia y en todo su ser. Quería tenerme, pero no tanto como para ser mi pareja. Cuando le decía que ya no quería vivir en esa situación, hacía todo lo posible por recuperarme y volver conmigo.

Pero en realidad no volvíamos porque no teníamos nada, yo era la clase de persona que siempre lo esperaba y le daba una oportunidad. No éramos nada, no me quería como algo serio, ni tampoco como amigos, estaba en el limbo del amor entre todo y nada.

2

Si continuaba con esta persona y su inestabilidad, definitivamente me iba a arrastrar en ese mar de indecisiones, excusas y habladurías baratas. Me estaba jalando hacia atrás y yo iba en dirección contraria: hacía adelante. Lo que aprendí fue que por más que le diera tiempo, espacio y entendimiento, esta persona tenía que arreglar las cosas inconclusas, sentirse bien consigo mismo y después pensar en un amorío.

Era una persona inestable y yo alguien que quería estabilidad en todos sus ámbitos. Nuestros caminos se apartaron por el bienestar de los dos y ese fue el fin de nuestra historia inconclusa.

Autor: Katy Meza.

 

 



     Compartir         Compartir