Cuando iniciamos una relación, a veces no nos damos cuenta que pedimos demasiado y no ofrecemos mucho a cambio. Le pedimos al otro que esté con nosotros siempre, pero que no nos asfixie. Le exigimos que no sea una persona celosa, pero a la primera mostramos que nosotros sí lo somos. Le exigimos que recuerde fechas importantes y que siempre nos sorprenda con algún regalo, pero nunca nos ponemos a pensar en los detalles que a él/ella le gustarían. Le pedimos que nos sea fiel siempre, pero nosotros no somos capaces de resistir las tentaciones.

Somos los primeros en pedir estabilidad en la relación, pero no estamos dispuestos a soportar la rutina. Le pedimos a nuestra pareja que se trace metas y que las cumpla, que sea una persona de ambiciones, mientras nosotros estamos en un empleo mediocre soportando los regaños de nuestros jefes. Le pedimos al otro que se entregue total y absolutamente, pero nosotros sólo le prestamos atención cuando tenemos ganas de sexo o cuando estamos aburridos.

Buscamos a alguien a quien podamos cuidar y proteger en todo momento, pero a la vez queremos a alguien que tenga independencia. Queremos un novio guapo o una novia hermosa pero no soportamos que alguien le mire por la calle, así que, mejor que no se arregle tanto y que no luzca su belleza. Pedimos que esa persona rompa todo vínculo con sus anteriores parejas, pero nosotros sí podemos tener contacto con nuestros ex. Queremos alguien que sea libre, pero lo tenemos aprisionado. Pedimos, exigimos, pero, ¿qué damos?

¿Quieres saber por qué pedimos tanto y nos negamos a dar y darnos nosotros? Porque tenemos mucho temor. Temor, sí, porque iniciar una relación no es como bajar una aplicación, que luego puedes borrar cuando te aburra, o como una conversación de WhatsApp, que puedes eliminar en el momento que desees. No, las personas son reales, de carne y hueso, tienen sentimientos, reacciones, emociones y así como pueden salir lastimadas también te pueden lastimar. Tenemos miedo de comprometernos demasiado y luego no tener otra alternativa más que entregarnos por completo.

En fin, creo que el problema es que le tenemos miedo al amor, por eso le pedimos demasiado.

Autor intelectual: Juliana Lagarrigue



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