Esta es la carta de despedida que dejó una joven suicida, cuyo nombre no mencionaré. Por respeto a su memoria, tampoco haré referencia a cómo se suicidó, sin embargo, sí diré que, analizando la carta, se puede inferir que las causas de su trágica muerte fueron la desesperación, la depresión y el olvido en el que la tenían sus amigos, sus familiares y sus seres queridos.

He aquí sus últimas palabras:

“El viento acaricia mi rostro y yo no siento nada, no siento esa sensación de dicha que al parecer sienten muchos al contacto con el soplo del aire. Me siento muerta. Y sintiéndome así, me doy cuenta que el dolor más grande en la existencia no es el morir, sino que le tengan a uno en el olvido.

Que tu pareja, la persona a la que tanto amaste por tres años, a la que te entregaste en cuerpo y alma, de pronto se vuelva indiferente, frío y te termine por decir que ya no te ama, ¿acaso no es peor que la muerte?

Que tu mejor amiga, en la que tanto confías, con la que tantas experiencias has vivido, tu confidente, tu cómplice, tu compañera de aventuras, de pronto organice una fiesta y no te diga nada. No es tanto el saber que no estás invitada a una fiesta, sino el hecho de que ya no signifiques nada para tu mejor amiga, ¿acaso no es peor que la muerte?

Que en Navidad tus hermanos se regalen cosas entre sí y a ti nada, ¿acaso no es peor que la muerte?

Caer enferma y no recibir la llamada de tus amigos al menos para decir, “hey, ¿cómo estás?, ¿todo bien?

Que una persona a la que creías que le importabas no comparta uno de sus más grandes logros contigo.

Compartir tus más íntimos sentimientos con alguien, en espera de secrecía, confidencia y comprensión, y que a cambio se rían en tu cara.

Cuando necesitas que alguien te levante al ánimo, que alguien te diga algunas palabras de aliento, y miras a tu alrededor y no hay nadie, ni amigos, ni familia, ni pareja…

Cuando te das cuenta de que ni tú misma te quieres, de que ni tú misma tienes la voluntad de darte ánimos…

Por eso, he decidido abandonar el mundo, a ver si al otro lado de esta amargura encuentro algún consuelo, al menos el consuelo de la nada”.

¿Qué te pareció esta carta? Lamentable que nadie haya visto por esta pobre chica, ¿no crees? Si tú tienes un amigo o amiga, familiar o pareja que se encuentra solo, abandonado o deprimido, búscalo, anímalo y apóyalo. No abandones a tus seres queridos.



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