El otro día mencionaste algo que me llamo mucho la atención, decías que te sorprendía mi manera de ser, comentaste que sorpresivamente para ti soy una mujer que trata de hacer felices a los demás, y que cuando me conociste creías que sería más bien lo contrario, supiste de las cosas terribles por las que pasé y esperabas encontrarte a alguien amargada con la vida, a alguien contaminada por el odio, invadida por la envidia de ver a los otros felices, pensabas que yo sería alguna clase de víctima o aquella damisela en apuros que necesitaría que le repararan el corazón.

La verdad me dio un poco de gracia escuchar esas declaraciones así de repente y no supe que contestar, más tarde en mi casa, estaba tratando de conciliar el sueño cuando recordé aquella conversación que tuvimos, y quise profundizar un poco sobre el porque te habías imaginado que yo sería así, me puse a pensar en algunas mujeres que pasaron por situaciones similares y vi que la manera de reaccionar de cada una era algo diferente, a pesar de habernos enfrentado a situaciones muy similares.

Yo conozco bien a algunas de ellas, “dicen que Dios los hace y ellos se juntan”, he platicado con ellas a detalle sobre lo que les paso, sobre lo que sentían, lo que se decían a si mismas y obviamente me he dado cuenta que han hecho con sus vidas cada una de ellas, creo que la diferencia más marcada entre aquellas que continuamos con una vida “más normal”, radicaba en que nosotras no esperamos que esa persona regresara, lloramos, maldecimos, sufrimos e incluso nos deprimimos todo lo necesario, pero después dejamos ir aquella desgracia y continuamos, sin esperar nada de aquella persona que nos hizo daño.

Mientras que la otra mitad vivían maldiciendo a aquellos que les lastimaron, igualmente sufrieron, lloraron, se deprimieron, pero nunca pudieron soltarse de aquella relación, seguían sujetando esos recuerdos evocándolos en cada momento, de alguna manera esperaban volver a aquellos hombres solo con el fin de decirles todo lo que habían guardado durante todo ese tiempo  y la mayoría no tuvieron ocasión de hacerlo o cuando lo hicieron fueron ignoradas por completo, al ver sus intenciones frustradas se amargaron, y el odio que almacenaron para una persona terminaron descargándolo con el mundo entero.

Creo que todos queremos a alguien que nos comprenda, pero en cuanto a esto, prefiero que nadie cercano pueda hacerlo, quisiera ser la única del mundo que hubiera tenido que pasar por eso, es quizás en base a ese conocimiento que quiero ser mejor persona para con los demás, porque en el fondo tengo miedo de poder lastimar a alguien como me lastimaron a mí.

Las mujeres usualmente vivimos nuestras emociones más a flor de piel, es por eso que cuando nos toca sufrir sufrimos más, y creo que al haber sufrido mucho, solemos procurar hacer felices a los demás, para que nunca sientan lo mismo que nos tocó vivir.

Autor: Sunky



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