Los seres humanos somos verdaderamente complejos. Tenemos la tendencia de medir a los demás de acuerdo a lo que vemos por fuera y no por su verdadera esencia, esa que emana de lo más profundo de nuestro ser y muchos llamamos “alma”. Y precisamente las mejores personas, son las que se distinguen por el alma.

Cuando hablo de “mejores personas” no me refiero a ángeles, “especies” exclusivas o únicas. Simplemente, a personas que han aprendido a desarrollar la capacidad de afrontar todo tipo de situaciones, que tienen eso que le llamamos ACTITUD, y de alguna forma trabajan en fortalecerla y convertirla en una actitud positiva. Eso es lo que principalmente las hace ser tan especiales y fáciles de quedarse en tu corazón.

De hecho, ellas no son personas perfectas, también se equivocan y cometen errores, pero tienen el valor de levantar la cabeza y mirarte a los ojos, y decir “lo siento”, buscan su espacio para recuperarse y de ese modo, hacer todo lo posible para todo sea como antes, aunque saben que es difícil, pero no les importa, aún así lo intentan. A pesar de saber que pueden encontrarse con un portazo en la cara.

Ellas sienten miedo, se enfadan, se entristecen, lloran, maldicen, muerden el polvo, pero la diferencia, es su capacidad de “amanecer”. Saben perdonar, saben decir adiós a los malos recuerdos, seguir hacia delante, sonreír, empatizar, dar… y sobre todo tender una mano, descubriendo así, la grandeza de su ser.

Y es que sin ninguna duda, la valentía para levantarse del suelo tras una caída en el camino, confiere una belleza especial que eclipsa lo superficial, lo trivial y esas pequeñeces que tan importantes en muchas ocasiones nos parecen, y hacen que nos quejemos constantemente. Las mejores personas impiden que el sufrimiento les quite de forma prematura la vida y no quieren hacer de lo ocurrido su pesar. Aprenden a ser conscientes de que si les sobreviene un problema, existe una gran infinidad de maneras de afrontarlo.

Y son extraordinarias porque hubo un día que perdieron algo importante que les otorgó la vida, tocaron fondo, perdieron la sonrisa, la alegría e incluso se plantearon el abandonar y se cuestionaron “para qué seguir”, pero miraron en su interior y supieron encontrar un motivo por el que seguir, aprendieron a ver sus heridas con valor, tomaron el poco aliento que les quedaba y sacaron las mínimas fuerzas que tenían (un impulso); supieron reponerse, levantarse y seguir caminando. Aprendieron a ver sus heridas con valor. ¡Resurgieron!

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Porque la vida, a veces suele ser un poco cruel, nos llena de desilusiones, nos espera tras el rincón para golpearnos a traición; pero las mejores personas saben que a veces, en cambio, también nos sorprende y nos regala sueños que no quedan en el fondo de un cajón, que cada mañana, al abrir los ojos tenemos la oportunidad de convertirlos en realidad.

Las mejores personas son capaces de sacar la mejor parte de nosotros, de dar segundas oportunidades, de hacernos ver en qué nos hemos equivocado, pero nos ayudan a levantarnos cuando caemos y saben dibujar esperanzas sin esperar nada a cambio, aunque en ocasiones, también saben decir “no”. Ellas nos empujan a superar nuestros límites para llegar a dónde no hubiéramos esperado nunca, nos hacen creer que el juego no ha terminado todavía. Nos sacuden, nos enseñan a dónde ir, pero sobre todo, nos demuestran que suceda lo que suceda, estarán allí para nosotros, sin importar si llueve o hay sol, si hemos vencido o hemos perdido, si hemos conquistado el mundo o si nadie más se da cuenta de nuestra existencia, ellas siempre estarán esperándote y no desaparecerán.

Con ellas puedes reír, puedes llorar, tener una comunicación profunda, sin frontera, en donde se respetan los sentimientos, y al mismo tiempo, nos podemos abrir y decir todo lo que sentimos y te harán sentir comprendida, escuchada y querida. Hablar con ellas resulta reconfortante para el alma porque sabe curar con sus palabras y su cariño las heridas que llevas.

Las mejores personas no se dejan impresionar por los cumplidos, por sexo, o por grandes detalles, porque saben que las grandes cosas todos las recuerdan, en cambio son los pequeños detalles los que para ellas valen de verdad. Suelen enamorarse por motivos absurdos, porque al contarlos, sonríen. De hecho, a veces creo que sufren mucho para ser lo que son y no perder su esencia.

En nuestro paso por el mundo conocemos a muchas personas y cada una viene a cumplir un papel importante en nuestra vida, todas quedan en nuestra memoria por un motivo u otro, bueno o malo, sin embargo, hay algunas muy especiales que te secuestran el corazón y lo llevan cerca de ellas sin que tú tampoco te des cuenta. Personas comunes que te alegran la vida sin darse cuenta de que lo hacen. Personas maravillosas que no saben que lo son.

Todos hemos padecido y tenemos contratiempos. La clave está en aprender de ellos, madurar, y afrontar.

Así que si tienes la dicha de tropezar con una persona maravillosa, cuídala, valórala, hazle saber lo especial que es para ti y no la dejes escapar.

 

Autor: Karla Galleta



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