Llegó a mí, sin ser llamado ni mucho menos esperado, pero así es como suceden las mejores cosas, demostrando que la vida, no son los momentos que respiramos sino todos aquellos que nos dejan sin aliento. Parecía una noche cualquiera de un día cualquiera en la ciudad de siempre, nada diferente que hiciera presagiar que ese día cambiaría el rumbo de mi historia y que lo que tanto tiempo había anhelado se iba a convertir en realidad. No puedo explicar que sentí al verle, una sensación imposible de describir con palabras, sólo decir que algo dentro de mi ser, me decía que él si era el indicado.

Aún me pregunto si sería casualidad o cosa del destino, aunque cada vez estoy más convencida de que no existen las casualidades. Sé que no te cruzaste en mi camino por puro azar, eso fue obra del destino, esa bendita fuerza mágica que consigue que dos almas perdidas y afines que tanto se necesitan terminen por encontrarse. Sé que siempre hemos estado unidos por un hilo invisible, ese que según la leyenda cuenta, aún sin conocernos ya nos tenía bien atados, y que por mucho que jugásemos a estirarlo y a enredarlo con decisiones y personas equivocadas, nunca llegaría a romperse porque ese es el milagro del amor y así estaba escrito que sucediese. Hasta entonces nuestras vidas habían vagado incompletas por este extraño mundo, yo sé, que con el deseo de encontrarnos aún sin saber siquiera que nos estábamos buscando para así entender por qué nunca antes pudo funcionar con nadie más. Sé que eres todo lo que imaginaba, aquello que mi vida anhelaba, un sueño hecho realidad, una ilusión para mi corazón.


Es por eso, que, aunque al principio no me lo pusiste nada fácil (cosa que ahora nos reímos al recordarlo) por suerte nunca decaí en mi objetivo porque sabía que esta vez no me equivocaba y merecía la pena el esfuerzo. Tú eras todo lo que yo quería, contigo al fin se cumplían mis expectativas y después de un largo divagar de sentimientos confusos, no estaba dispuesta a conformarme con menos. Sé que todo lo vivido antes de encontrarte, solamente fueron simulacros de incendio en mi corazón, porque solo tú conseguiste prender el fuego que requerían esas cenizas olvidadas, y avivar las llamas que lo harían latir de nuevo, dándole la vida que tanto necesitaba. Sólo tú, eres el agua que sacia mi sed, alimento que calma mi hambre y la paz que inunda mi alma. Siempre he tenido claro que una vez que se consigue encontrar el amor verdadero, por muy enrevesado que sea el camino, hay que seguirlo y ver las señales que nos llevan hacia él, porque la recompensa estará al final y así me sucedió contigo amor, un enigma aún sin resolver, pero en definitiva real.

Por fin, en ti había encontrado a mi otra mitad, aquel con quien no iba a tener temor de soltar mis alas a volar para continuar el viaje feliz agarrada de tu mano, disfrutando de las pequeñas cosas de la vida, que a tu lado hoy y por siempre seguirán siendo las mejores. Gracias por todo lo que me das, contigo no existen días grises ni negros, ya te encargas tú de llenarlos de colores y me haces sentir que la vida puede ser del color que queramos soñar y que estando juntos podríamos llegar hasta el infinito y más allá.

Autor: Rocío León Gutiérrez



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