La vida cambia con cada respiro, se nos dan miles de oportunidades para poder saber qué es lo que esta bien, nada dura por siglos más que esas pequeñas acciones que ayudan a los demás, esas cosas que hacemos por los demás con el corazón en la mano, con el amor del mundo entero y son precisamente esas las que olvidamos porque la vida se nos va en modas, en tendencias superfluas, en el querer enterarte de las cosas de alguien más, en desear lo que no tienes, en ese tipo de alegría que llena por un momento, en esas ambiciones y sueños que al final de su desaparición no dejaron nada bueno para nadie.

Muchas veces el dolor es insoportable, muchas veces el dolor no nos deja seguir pero lo más importante es que siempre tengamos un lugar de donde aferrarnos, la vida a veces puede parecer injusta pero dentro de todo eso siempre nos brinda un soporte para poder sujetarnos cuando vienen el tornado, un poste para aferrarnos cuando ya no podamos y debemos sujetarnos con fuerza, seguir… y seguir. De niños nos dicen que debemos estudiar, seguir un camino, trabajar en algo que nos dé de comer, que debemos ser mejor que nuestros papás pero pocas veces nos dicen que eso no importa en realidad, que la supervivencia va más allá de todo lo material. 

La fe y la espiritualidad se confunden con la deidad, se reniega, se niega y al final ya no tenemos nada más. Todos tenemos algo de maldad muy dentro de nosotros, todos podemos caer fácilmente en lo que esta mal pero también podemos dominar la duda y la incertidumbre de la existencia, dar un sentido bondadoso a nuestra vida y finalmente estar aquí para lo que en verdad vale la pena; ayudar y dejar amor con cada paso que demos… con cada huella que dejemos. 
La vida no es segura, el camino adecuado no es sencillo, la felicidad se puede ver en cada objeto sin valor pero lo que en realidad debemos tener encuentra es que al final de todo los sentimientos que se obtienen como recompensa son mejor que el pago de un buen puesto.



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