Estoy segura que has tenido situaciones u obstáculos tan fuertes en algún momento de tu vida, en los que has llegado a pensar que no hay salida, que has sentido caer en un pozo oscuro y frio en el cual sientes que no hay suficiente espacio, el respirar se te dificulta y la agonía te consume dejándote sentir que tu alma se te escapa de cuerpo y te sientes como un cascaron vacío sin ninguna esperanza, sin salida, no puedes ver ni un pequeño destello de luz por que todo es oscuridad, no puedes pensar en nada porque tu mente se siente nublada, has llegado al punto que las agarras frías y sin vida de la muerte pudieran parecer una opción más confortable que enfrentar aquella situación que se acerca irremediablemente.

En ese momento podemos intentar correr, para al final darnos cuenta que por más rápido y más lejos que intentemos ir, los problemas siempre terminan alcanzándonos, o podemos apretar los puños y los dientes, tomar fuerza de nuestra flaqueza y afrontar este problema de la mejor manera que podamos, al pasar la tempestad siempre llega la calma, y una vez superada la prueba emergemos como una persona renovada, más fuerte y segura de sí misma, una existencia simplemente más hermosa que antes.

Desgraciadamente soy una mujer a la que los consejos me ayudan solo a darme cuenta cuando he caído en algún error, pero nunca he podido valerme de los consejos para evitar situaciones dolorosas o tristes, me encanta experimentar en cabeza propia, y suelo lanzarme de frente a donde la razón o el corazón me dice que debo ir.

Mi abuelo me decía “hija no se puede vivir con miedo”, y yo le conteste una vez:

– abuelo, pero si hay mucha gente que vive siempre con miedo, ¿Por qué dices que no se puede vivir con miedo?, y él me contesto: “hija a eso no se le puede llamar vivir”. Mi abuelo tenía razón vivir con miedo es morir en vida, es siempre esperar lo peor, es siempre considerar que las cosas nunca saldrán bien y de alguna manera propiciar a que eso suceda, y llamar a la ruina por cuenta propia.

No existen los finales felices, la vida es un sube y baja, un camino lleno de sorpresas y los caminos llanos son cortos, pero superar todas estas situaciones difíciles nos hace darnos cuenta de qué estamos hechos realmente y se convierten en historias súper divertidas para contar a los hijos o a los nietos cuando llegue el momento.

 

Somos el conjunto de nuestros propios logros y conquistas, estamos hechos de todos aquellos momentos en los que queríamos salir corriendo pero que decidimos quedarnos a plantar cara a los problemas, esa es la verdadera forma en que medimos nuestra fortaleza.

 

Autor: Sunky

 

 



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