Recuerdo como cuando era niña siempre me repetían una y otra vez que si no hacia esto o aquello me quedaría sola, que nadie me iba a querer, lo repetían tantas veces y con tal gravedad que me hicieron creer que aquello era lo peor que a alguien le podía pasar, de esta manera crecí tratando de ganarme siempre el aprecio de los demás, procurando que no se enojaran conmigo y cuando lo hacían corría a disculparme yo, incluso cuando había tenido la razón, todo con tal de “estar bien con los demás”, todo con tal de nunca tener que experimentar ese destino fatal que me habían augurado cuando era niña por mi carácter que naturalmente es rebelde y sincero.

Así fui creciendo, y con cierta edad me llego el amor en una ocasión, aplique la misma estrategia que había seguido hasta entonces, no discutir con los demás, siempre tratar de darles gusto, siempre inclinar la cabeza ante cualquier situación que pudiera detonar el hecho de quedarme sola, pero a pesar de ser así hay personas que simplemente no se quieren quedar a tu lado, y a pesar de que me esforcé por todos los medios no pude retenerlo a mi lado, no sé si nunca me amo, o se aburrió de mi falta de carácter.

Pero yo no sabía eso, creo que al final él pudo creer que no me importaba, porque yo nunca reaccione ante ninguna de sus provocaciones y fuera por esto o por otra razón el decidió abandonarme, curiosamente coincidió que mis amigos más cercanos estaban fuera de la cuidad y me enfrente a aquel demonio oculto en la obscuridad, eso que más miedo me daba lo tenía justamente frente a mí, me quede pasmada, congelada, sin saber realmente que hacer, salí a la calle a lugares concurridos lo más que podía, no sabía cómo lidiar con esto y las horas pasaban y sabía que en algún momento tenía que llegar a mi casa, a enfrentar esa soledad de la que tantos hablaban como la peor maldición del mundo.

Sin la intención de hacerlo, pero no quedándome otra salida, entre a mi cuarto y apague la luz, de pronto comenzaron a llegarme flash backs de tantas cosas que había hecho, de tantos momentos de mi vida, en los que había actuado mal, comencé a comprender porque a las personas no les molestaba, pero también porque no les terminaba de gustar, porque a pesar de ser tan complaciente no tenía tanta compañía como se esperaría de alguien como yo, y era principalmente porque había perdido mi autenticidad, porque muchas personas se habían dado cuenta que yo era una mentira que respiraba y eso de alguna manera los hacia guardar su distancia.

Una vez que el miedo desapareció la soledad se convirtió en un maestro en mi vida, un maestro que había estado esperando todo ese tiempo para que llegara esta ocasión, y yo decidí aprender, con los días aprendía más y más, y me gustaba porque todo lo que me enseñaba era precisamente sobre mí, entendí como había pasado por el mundo todo este tiempo sin vivir plenamente, y comprendí también porque siempre había tenido esta sensación de melancolía, pues era mi verdadera personalidad la que siempre estuvo reprimida.

Por primera vez en mi vida me sentí llena de paz, y en armonía conmigo misma y me gusto, hoy soy una mujer completamente diferente, segura, llena de confianza, y siempre digo y hago lo que realmente quiero, yo no me preocupo por agradar a los demás y es curioso como las personas reaccionan porque ahora son ellas las que quieren estar conmigo, pero de alguna manera me he vuelto adicta a mi soledad, y no la cambio por cualquiera, si alguien quiere entrar a mi vida realmente tiene que ser una buena persona, alguien que sea autentica, que haga que valga la pena dejar de lado a mi soledad por el tiempo que conmigo esta.

Autor: Sunky

 



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