Es algo común, supongo que a todos nos pasa, conocer a alguien que llega a transformarlo todo, que cambia la manera en la que ves al mundo, que se clava en lo más profundo de tus sentimientos, que nos hace adictos a su piel.

Fuiste justamente tú  ese alguien para mí, el que menos me esperaba, el que nunca imagine, te conocía desde hace tiempo pero no significabas nada, no pasaba de una mirada, un saludo, una sonrisa  alguna palabra.

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Es cierto que el destino impacta, que no se equivoca, que todo por algo pasa. Fue así, sin planearlo, sin buscarte como te encontré; de la manera menos esperada, una reunión sin altas expectativas, yo apática, tú sin ganas de estar ahí.

Y así aburridos los dos, nos encontramos en el balcón, huyendo de la multitud, del ruido, de la frivolidad. Basto un hola ¿qué tal? Para comenzar a hablar; resultando en que en verdad teníamos tantas cosas en común, tu libro favorito era también el mío, tu debilidad por el chocolate y tu adicción al café, la compartía también.

  

Reímos como niños, escuche tus aventuras, esas que nunca de ti me imagine, así paso  la noche y  en la madrugada nos sorprendimos bailando una lenta balada. Tus brazos se amoldaban, perfectos a mi cuerpo, tus manos en mi cintura me hicieron sentir tan segura, deseando que ese momento no terminara nunca.

Al llegar a casa, no pude conciliar el sueño, supongo que tu aroma se quedó en mi piel, pensé por un momento que todo había sido solo un sueño y entre dudas y deseos el cansancio me venció, pero algo en la mañana, me despertó, Un mensaje de buenos días que al cielo me elevó.

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Gracias bonita, por tu  compañía.

Así comenzó nuestra historia de amor, lo dije antes, el destino nos unió, hoy hace dos  años de que todo pasó.  Y aquí estamos, tan juntos, tan enamorados, con tantos momentos memorados, con algunos enojos, con millones  de risas, pero con la seguridad de que quiero permanecer en tu vida, con alegría de que estés en la mía, esperando poder gozar mucho tiempo de tu compañía, convencida de nuestras compatibilidades hacen crecer nuestro amor, pero sobre todo por una razón, una simple razón:

Yo te amo.

 

 

 

 

 



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