Vivimos en una sociedad en donde la palabra “soledad” todavía nos da un poco de escalofrío, en donde para muchos, sigue siendo mal vista, la relacionan con sentimientos de tristeza, dolor y falta de compañía, por lo que huyen de ella y se pasan la vida buscando la felicidad en lo exterior, simplemente, porque no saben estar con ellos mismos. Porque no conocen ese lado tierno, amable y cautivador de la soledad.

Todos tenemos en algún momento, la necesidad de estar solos, pero algunos no pueden soportarla ni unos minutos, y son los mismos que, si  por alguna circunstancia no tienen compañía, pierden el equilibrio y la seguridad en ellos mismos, se sienten débiles, heridos, incapacitados, y a veces, hasta su vida parece perder todo su sentido. Y este miedo tan incómodo los puede orillar a elegir inadecuadamente a su pareja, ya que con tal de estar acompañados, no le dan importancia a sus prioridades. En pocas palabras, quienes tienen miedo a la soledad, son personas carecen de autoestima porque interpretan esa soledad como rechazo.

Para mí, la soledad es el estado más parecido a la libertad. Es disfrutar momentos de reflexión e intimidad con nosotros mismos, es fortalecer el autocontrol e identificar las propias emociones, sentimientos y necesidades, es saborear esa conexión interior que te ayuda a aprender el ritmo de tu propio ser, mirar dentro de ti y reconocerte como eres . Es aprender a quererte, valorarte, cuidarte y descubrir que tu mejor compañero, siempre vas a ser tú mismo.

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Las personas que disfrutan la soledad y saben darse su tiempo, son las que aprenden a valorar una buena compañía, saben elegir mejor a su compañero de vida y crean lazos más fuertes y saludables con las personas que forman parte de su vida. Y de ninguna manera significa ser amargado, intolerante o tener un carácter difícil, es simplemente ser más independiente en la relación que llevan con los demás por libre elección.

La peor soledad es no saber estar con nosotros mismos porque al no ser capaces de escucharnos, hablarnos, ni prestarnos atención, nos sentimos unos completos desconocidos para nosotros mismos, y de este modo, es difícil afrontar esos momentos de soledad.

Vivimos la mayor parte de nuestra vida buscando felicidad fuera de nosotros, tratando de llenar vacíos que nunca nadie va a llenar, porque es algo que le corresponde a cada quien llenar. La soledad, a veces, es un sentimiento muy difícil de sobrellevar, sobre todo cuando tienes que enfrentarte contigo mismo y correr el riesgo de que o que ves, no te guste, pero también es una gran oportunidad de encontrar calma y tranquilidad. De ti depende disfrutar la libertad de tu soledad, de sentirte una persona valorada, realizada. Cultiva el arte de hacerte feliz… sé el amor de tu vida.

Anda, quiérete, valórate, aprende a darte un beso todos los días, abraza eso que eres; porque al final, la relación más importante y más emocionante de todas, es aquella que tienes contigo. Y si después de eso, puedes encontrar a alguien que te quiera de la misma forma que tú te quieres… será simplemente fabuloso.

Autor: Karla Galleta

 

 



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