La miraba e intentaba verte a ti pero solo era una absurda copia que muy en el fondo sabía que no llegaba a ser ni la mitad de especial que lo fuiste tú. La miraba y quería sentir lo que sentía cuando estuve contigo y me cabreaba yo mismo al darme cuenta de que así no iba a funcionar. Intentaba que su sonrisa fuera como la tuya pero cada vez que la miraba me parecía totalmente distinta. Me miraba y no eran tus ojos los que lo hacían. Y en su momento pensé que cuando la tuviera entre mis brazos y la abrazase así como sentía que lo haría contigo, creía que ese vacío que hace meses se formó en mí, borraría tu ausencia y sentiría que estaba donde tenía que estar pero la abracé y no pasó nada porque no eras tú. En ese momento me prometí que era cuestión de meses, que al fin y al cabo acabaría volviéndome loco como otras personas lograron en mí.

Me empecé a fijar en cada mínimo detalle; cuando sonreía se le marcaba un hoyuelo pero justo en el lado contrario al tuyo, y si te digo la verdad hubo un par de veces que me atreví a acariciarlo, despacito; porque dicen que cuando alguien sonríe y tiene hoyuelos al hacerlo es como si floreciera la primavera y no podía destrozar algo tan bonito como eso. Me di cuenta que cuando reía a carcajadas, lo hacía de forma extraña y parecía que una vez que empezaba no podía parar; como todas aquellas veces que tú y yo nos reíamos donde no debíamos y tú  aun habiendo yo parado- seguías y te escondías en mi cuello intentado calmar algo que sabías que no podías. Me fijé que cuando se enfadaba siempre fruncía el ceño y se le formaban unas arruguitas en la frente, como las tuyas en los ojos cuando reías.

Con ella aprendí que no podía hablarle después de cabrearme porque corría el peligro de salir dañado y en una de esas me acordé que tú eras todo lo contrario; venías a mí por muy enfadados que estuviéramos y me decías que me querías y aunque yo te siguiera diciendo cien mil estupideces tú no dejabas de responder te quiero; siempre decías que eso era lo que nos mantenía unidos; el querernos tanto y el importarnos tan poco lo jodidos que estuviéramos.
Me fijé en que siempre tenía los pies fríos como tú pero no sé por qué no dejaba que jugase con los míos mientras dormíamos tan solo para entrar en calor, aunque bueno digo que no lo sé pero sí lo sé; supongo que si la hubiera dejado habría sentido que estaba haciendo algo que no le pertenecía a ella. ¿Recuerdas la infinidad de veces que te levantabas temprano y no dejabas de darme la lata tan solo para despertarme y estar contigo? Porque yo sí.
Y nunca me había fijado hasta hace poco; casi nunca voy con ella de la mano, parece fuera de lugar aunque todo el mundo ve lo mucho que supuestamente nos queremos, que la quiero. Tú ni me soltabas, ¿te acuerdas? Y si tenías que salir corriendo porque habías visto algo que te gustaba, me llevabas contigo sin importar nada, aunque tuvieras que pisotear alguien, siempre íbamos de la mano. Incluso te enfadabas con esas farolas que estaban en medio y hacían que tuviéramos que soltarnos; qué estupidez. Eso era lo que pensaba siempre, que no podías ser tan tonta pero lo eras y yo muy en el fondo -aunque quizás no tanto- lo adoraba.

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Y pasaban los meses y aunque la cosa había cambiado, no había día en el que no te comparase con ella, cómo si le faltase algo, como si no fuese lo suficientemente buena aun pensando que sí lo era pero entonces llegabas tú y dejaba de pensarlo. Y odiaba eso, odiaba y lo odio que me hayas hecho esto o que yo mismo me lo haya hecho pero supongo que la vida es eso; que te dejen, tener que alejarse incluso cuando deseas quedarte aun sabiendo que no deberías hacerlo. Y no sé por qué, ni qué pensaba en ese momento en el que decidí que lo nuestro ya era historia; supongo que tienen razón, que valoras lo que tenías cuando ya ni lo tienes. He sido uno de esos tontos que no ha sabido verlo hasta ahora y lo único que me queda es seguir como si nada, pretendiendo ser feliz con alguien que aun haciéndomelo- nunca llegará a ser lo que fuiste tú en mí y no sé por qué a veces me da por pensar que algún día me echarás tanto de menos como lo hago yo y vendrás a buscarme, por eso yo no lo hago; porque yo fui el que se fue y no tengo derecho a hacerlo aun deseándolo pero no me importa, yo sé que estés donde estés, me acabarás buscando; sólo me queda esperar, esperarte.



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