Aún no entiendo esa necesidad tuya de mentir, de herir, de inventar tanto amor dónde ni siquiera se podía encontrar un poco de comprensión. Quisiera que pudiéramos hablar de lo que sucedió y como hemos terminado de esta manera. Tú estas allá, en un lugar dónde ni siquiera tú puedes explicar. No entiendo que culpa he tenido yo, cuál fue el error que cometí contigo, creo que no merecía tal trato, tal traición.

Metiste y seguías mintiendo con tan naturalidad que hasta tu misma falsedad tú te creías. Tus mentiras llegaban a envolverte de tal manera que ya no podías distinguir la verdad de la mentira. Sabias que mentías y solo tu podías conocer los movimientos que provocaban que tu boca no conociera la sinceridad. Tu mentira tejió lo que ahora vomitas.

Una y otra vez ¿cómo lo hacías? Conoces la jugada y sabes que apostar. Apostaste una persona que te amaba con el corazón y con el alma, apostaste mi corazón sabiendo que yo sería quien perdería, todo lo sabías y es por eso que apostabas todo lo que tenías. No solo metiste para que yo siguiera ahí a tu lado y yo hiciera como si nada estuviera pasando, pero la realidad es otra, ahora me doy cuenta de tus mentiras y que jamás volverás a tocarme con ninguna de ellas. Me di cuenta porque tus mentiras ya se habían podrido dentro de ti, algo olía mal, eras tu la pestilencia de mi vida y ahora soy feliz, ahora puedo ser libre y expresar lo que verdaderamente soy porque ya no te tengo a ti que eras quien llenaba mi vida con culpas y calumnias. Ahora puedo ser yo misma sin importar lo que pienses de mí, sin importar tu opinión porque ahora solo valgo yo, solo importo yo.

Gracias por mentir, con tus mentiras demostraste lo que verdaderamente eres, tu falsedad la llevabas siempre frente de ti y mostraste que una persona puede llegar a ser tan falsa que miente con tal frecuencia que llega a ser un vicio, que se forma como parte de su carácter y que así como la droga llega a ser una adicción. Te agradezco por nunca dejar de mentir, por mentir siempre que tenías la oportunidad porque gracias a eso pude ver tu verdadero rostro y pude desecharte sin el mínimo esfuerzo.

No negaré que yo llegue a mezclarme en el mismo juego disfrutando de algunas de tus mentiras, pero eras tan bueno que no podía darme cuenta que solo era actuación, y me pongo de pie por eso. Tus palabras y tu amor eran las rosas blancas pintadas de rojo en el jardín de la reina, tan falsas, pero a la misma vez lucían hermosas.

Ahora solo queda despedirme de ti sin olvidar todas esas palabras que eran igual de falsas a la persona que las decía. No quiero olvidar tus mentiras para que sean un recordatorio de tu falsedad y jamás llegue a caer en el mismo juego que por mucho tiempo el perdedor era yo.



     Compartir         Compartir