Ella ha estado a mi lado siempre. Cada vez que la necesito no duda en ayudarme y sin importar el motivo que sea sé que ella estará ahí. Acepta mis decisiones pero siempre ante todo me entrega el buen consejo. Sé que por mí ella haría cualquier cosa porque el amor que refleja en sus ojos por mí es puro y verdadero, es un amor que no cualquiera te entrega ni donde sea lo encuentras. Ella sufre cuando yo sufro, pero también se alegra cuando yo lo hago.

Mi vida no sería lo que es hoy si ella no estuviera a mi lado. Recuerdo todas las veces que caí y que ahí estuvo su mano para levantarme, recuerdo todas las veces que estuvo en vela conmigo cuando yo con el corazón roto lloraba sobre mi cama, ella estaba ahí para animarme y darme aliento. Ella cuida de mí cada vez que caigo en cama por algún tipo de enfermedad, no importa si solo es un simple dolor de cabeza, ella esta ahí para atenderme y cuidarme.

Sé que una amiga como ella no la encontraré jamas porque no hay nadie que me conozca mejor que ella. Esa amiga fiel y confiable es mi madre.

Y sé que como ella existen en el mundo muchas mujeres que entregarían la vida y todo lo que tienen por sus hijos (claro, hay sus excepciones). Cuando era niña no comprendía muchas cosas que hacía por mí y me hacían enfadar, sentía que no eran justas, pero ahora puedo ver cuanta razón tenia ella en hacerlas. Tenia razón en protegerme de amistades que no me convenían, me di cuenta que ella sabia cual era el momento exacto para darme un poco de libertad y cuando no era conveniente hacerlo. Qué razón tenía cuando me decía que algún día yo comprendería lo que es ser madre, lo que es tener un tesoro al cual cuidar y guiar para que no fracase en la vida. El sentir ese miedo de perderlo, de que alguien te lo arrebate.

Ahora que yo también soy madre comprendo la angustia que ella sentía cuando el sol se metía y yo aún no llegaba a casa, comprendo el por qué se negaba al ponerse como prioridad y ponerme a mí siempre en primer lugar. Ahora comprendo por qué en su mirada se encontraba una luz y se dibujaba una sonrisa en su rostro cuando me veía y me decía cuánto y que rápido estaba creciendo. Comprendo sus miedos al envejecer porque sabía que yo también lo hacía junto con ella, me volvía cada vez más independiente y más me alejaba de ella.

No se comprende lo que es ser madre hasta que se es madre, hasta que ya tienes un motivo por el cual luchar y salir adelante. Es por eso que si aún tenemos a nuestra mamá a lado debemos aprovechar cada momento con ella, abrazarla sin tener que tener algún motivo, robarle besos cada vez que se pueda, compartir nuestras alegrías, pero sobre todo muestras tristezas porque aún esta ella para apoyarnos y animarnos. Aprovechemos sus consejos y sus palabras de amor.



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