En esos días en los que yo podía ser libre, despertar disfrutar el día como si apenas fuera viernes, y así toda la semana.

Salí de casa casi corriendo, mis abuelos desayunaban en la sala, y como ya era costumbre un plato de galletas y un buen café me esperaban en la mesita de centro, junto con una nueva historia que mi abuelo seguramente se inventó durante el trascurso de la noche, yo sé que el platica con alguna criatura mítica o algún ser del mas haya, hasta la fecha no he podido descubrir de dónde saca tantas historias, pero estoy seguro que algún día lo encontrare charlando con algún duende, un A luxe, incluso el fantasma de algún dios muerto.

Sólo le avisé a mi abuela que tenía que irme, me acostumbraron a nunca pedir permiso, pero nunca llegar después de las ocho, siempre sabían dónde estaba, si no era jugando con Jorge (mi mejor amigo) o en las maquinitas del centro.
Ese día tenía que ser diferente, me senté a orillas del árbol más grande del parque Hidalgo, a intentar componer un poema, a esa mujer tres o cuatro años más grande que yo; tenía que impresionarla, por lo que me decía le gustaba leer, se ponía a contarme de un buen de escritores y su forma de escribir, pero claro yo no sabía nada de poesía, ese día intente hacer un poema:

En ventanas y espejos,
flores y ramas
asoman
Sus ojos.

Colores vivos
azules claros
campos
cafés sembrados
olores
recién cosechados
con lluvias pasadas
cristalinos
en la ventana plasmadas

¡La primavera
va llegado en tu mirada!

¡Carajo! No podía haber escrito algo mejor, algo como de ese Neruda que tanto le gusta, o Benedetti que tanto ruega por tener un novio así.
Pero puede terminar el intento de poema, me desprendí de los pies del árbol, que siempre ha dado la impresión de abrazarme, me dispuse, a correr a su casa, que de por sí ya era algo tarde, pero no si antes ensayar como lo leería, caminé en círculos por el quiosco, me detuve a observar unas cuantas parejas, sólo quería analizar qué tanta fuerza se requiere para abrazar a alguien cuando se le quiere, y así no pasarme cuando pudiera por fin robarle una mínima caricia de afecto.

En el transcurso a su casa, pensé en cómo hacerle para no verme tan niño, desacomodé un poco mi pelo, desabotoné mi camisa, y me deshice de todos los dulces en mi pantalón (bueno más bien los comí)
Pude subir la mirada, para observar las ventanas de su casa, un montón de siluetas me pusieron nervioso, creí que era su familia de visita, adiós poema, y adiós primer beso.

Toqué a la puerta, para mi sorpresa era un tipo ya medio ebrio, que me preguntó que quién era, no pude contestarle, me puse aún más nervioso, ambos volteamos al verla, venir hacia la puerta, y con una sonrisa característica de ella, me invitó a pasar, la seguí hacia la sala, donde tenía una mesa de billar (eso siempre me pareció extraño) la miradas de un montón de personas que en mi vida había visto, pero aun así me parecían sorprendentes hablando de tantas cosas interesantes. cualquiera de ellos era perfecto para ser su novio, me sentí horrorizado.

4

Me quedé sentado como media hora, la mujer que me había gustado tanto, me parecía cada vez más inalcanzable, hasta que por fin , se sentó a mi lado, a hora o nunca; el ruido de la música, no me dejaría hablar con ella, así que extendí, el papel todo arrugado, ella me miro solo unos cuantos parpadear, empezó a desenvolver el papel, volvió a sonreír, ¡había valido la pena!

Aunque sin besos, ni abrazos, en verdad valió la pena, se acercó a mi oreja y me dijo que estaba bonito, no pude procesar esas palabras, no sabía ni qué significaban, tomó el trozo de papel y se lo guardó en la bolsa del pantalón, se paró de la silla y me alcanzó una cerveza, moví la cabeza para decirle que no, así discretamente para que los demás no pensaran que yo era un niño.

Salí a hablar por teléfono, para avisar a mi casa que llegaría un poco más tarde, el teléfono sonó hasta oír el buzón de voz, pero por supuesto mi abuelita , me regresaría la llamada, así que esperaría ahí hasta que pasara,
La noche transcurrió, y ella no me hacía el menor caso; ya me quería ir, hasta que vi que un sujeto bailaba con mi chica, ¿pero qué podía hacer yo? Tomé una botella de cerveza y me quedé mirando mientras ellos bailaban, creo que eso bastó, para que me emborrachara y me agarrara un sueño terrible, se me quedaron mirando, como cabeceaba en la silla.

Sin darme cuenta yo ya estaba , en su habitación recostado, se podía escuchar el ajetreo de la sala, junto con una canción, que me gusta mucho: satisfaction de rolling stones, creo que eso me despertó, me puse a tararearla, el sonido de la puerta me interrumpió, era ella, que se sentó a mis pies; la canción terminaba, junto con la fiesta, me preguntó que cómo estaba, sólo pude decirle entre tartamudeos que esa canción me encantaba, lo que pasó después fue raro, salió de la habitación y cuando regresó la canción amada volvió a sonar; y ella parada en la puerta empezó a desnudarse…
…Yo sabía que en el fondo mi poema la había gustado, más que cualquiera de Benedetti, o al menos el que le gustaba era yo…
Se recostó a un lado mío, y sin decirme ninguna palabra empezó a besarme, después me abrazo muy fuerte, seguido de rodearme, la cintura con sus piernas, no sabía lo que pasaba, estaba confundido. Pude besarla una vez más, para después dejarla dormir, e irme a casa. Salí a la sala, ya no había nadie, miré el reloj era la madrugada, así que corrí muy fuerte a casa…

Al despertar la casa seguía vacía, no había pan, ni café en la mesa. Una llamada cambio mi vida, aún puedo jurar que ese mismo día vi correr a un duende y a un Aluche, llevándose los libros de mi abuelo.

Mi abuelo había muerto durante la misma madrugada en la que yo pude ser feliz.

 

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