Crecemos creyendo en una visión muy romántica del amor. Creemos que es un sentimiento muy intenso, incontrolable, que nos domina por completo, y que si ambas personas lo sienten, entonces las cosas van a marchar bien. Creemos que todo será sencillo, que sí, habrá problemas, pero que la fuerza del amor lo puede superar todo.

Esto es lo que nos han dicho, lo que hemos escuchado, o leído en revistas y novelas. Pero, ¿en verdad es así el amor? Pues, realmente es mucho más complejo que eso. El amor depende de las personas que lo experimentan, y no se puede sujetar a una sola definición porque cada experiencia personal es diferente. Solamente el que ama puede decirte qué es el amor, pero esa definición aplica para él y sólo para él.

El amor que nos pintan por todas partes frecuentemente es un tanto infantil. Ese amor que, si las cosas van bien, hay felicidad completa y, si las cosas van mal, hay llanto, gritos y sufrimiento. Vamos, no digo que en algunos casos no haya parejas que lleguen a esos extremos. De que las hay, las hay. Pero un amor que aspira a ser sólido, un amor maduro y fuerte, generalmente se toma las cosas con más calma, sin fundamentalismos.

Quizá muchos se desilusionen, pero en muchas novelas y películas románticas te dibujan el amor de una forma bastante exagerada. Te pintan las cosas demasiado intensas, demasiado dramáticas, y el problema es que muchas parejas creen que así se debe vivir una relación de verdad. Y, bueno, durante el enamoramiento todo es miel sobre hojuelas, porque ambos están embobados, con las hormonas a todo lo que dan, pero cuando ese coctel químico del cuerpo pasa, cuando la emoción inicial cesa, ya no saben que hacer, y es por eso que muchas parejas rompen después del enamoramiento, porque no saben construir un amor más allá de las primeras etapas.

Las parejas que quieren durar, que en verdad desean vivir para siempre, trabajan duro para conseguirlo. Y ello implica ir más allá de esa emoción del enamoramiento. Se necesita establecer una relación fuerte con base en el cariño, la confianza, la lealtad, la comprensión y el respeto mutuos. Y eso es algo que no te enseñan en las películas románticas de Hollywood.

Para lograr formar una pareja que dure para siempre, hay que dejar de concentrarse en esas pasiones adolescentes y comenzar a construir, ladrillo por ladrillo, una relación hecha de amor verdadero. La comunicación y el buen entendimiento son la clave del éxito.

Autor intelectual: Valentinne Rudolphy



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