Ella camina sola, distraída, dispersa, quizá como cualquier otra chica que va sin rumbo fijo, pero ella, siempre camina así, alejada de todos, ensimismada en sus enmarañadas ideas, ella camina siempre a la defensiva, sin esperar nada de nadie, pues es precisamente lo que busca, ya no quiere nada de nadie, ella lleva arrastrando un corazón con remaches, un corazón pegado con pedacitos de cinta, un corazón lastimado que se ha cerrado para no volver a sufrir.  En resumen, ella vivía dentro de una burbuja dura que ella misma se construyó para evadir el dolor.

Un día, alguien toco suavecito esa coraza de hierro, alguien llamó su atención, alguien la incitó a entablar una conversación y la sacó sin darse cuenta de la burbuja en que vivía. Ese chico le llamaba la atención de todas las maneras posibles, era de esas personas con las que podía hablar sin sentirse vulnerable, por el contrario, con él sentía segura. En repetidas ocasiones el miedo que le dejó la batalla anterior salían a relucir, pero él con paciencia y cariñitos, logró convencerla de que lo dejará entrar a su endeble corazón, que aunque frágil, aún sabía amar como ninguno. Y así fue, pese a cualquier expectativa que ella tenía de sí misma, nuevamente se enamoró.

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De ser una chica que aparentaba no tener sentimientos, llegó el momento en que no pudo controlarlos, su emoción se desbordaba y sus poros derrochaban ternura, por fin se sintió amada, sus demonios internos le decían que tal perfección no podían ser verdad, ella no los escuchó, se dejó llevar como quizá nunca antes lo había hecho. Así fue como se entregó en cuerpo y alma al amor, se mostró desnuda y como libro abierto ante él, puso toda su belleza interior en sus manos, pero él era ciego al alama humana, ese chico tenía un interior ciego y podrido que deslumbrado por el perfecto aspecto de esa frágil chica, se aprovechó de ello y solo besó su cuerpo cuando ella quería tocarle el alma.

Y así, pasó lo que tanto temió, una mañana él desapareció, se desvaneció en el aire como humo de cigarro, se fue haciendo explotar el corazón y todo el interior de esa chica que solo quería volver a amar. De nueva cuenta se rompió en mil pedazos más pequeños que la última vez.

Una vez más, ella vuelve a caminar dispersa y distante entre los ríos de gente que la observan y no escatiman en señalarla y juzgarla, pues dicen, que alguien tan fría y con los sentimientos tan duros únicamente puede tener como amiga a la terrible soledad.

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Esos que la juzgan y etiquetan, no se detienen a pensar que si la coraza con la que camina ahora es más dura, no es por otra razón, más que por ser esa bella chica que se atrevió a entregar la vida entera a alguien que no la supo valorar.

Idea original: El Acorazado

 



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