Nos conocimos en aquella fiesta hace un par de años, yo estaba aburrida y tú te notabas fastidiado, te acercaste a mí con dos copas en las manos. Tan bien parecido, tan educado. Para ser sincera, me encantó que te acercaras. Hablamos como si nos conociéramos de toda la vida, y entre risa y risa, me enamoré de ti.

Unos cuantos meses y tu sonrisa me bastarón para quedar atrapada en tu mundo, fue amor a primera vista,  un amor de esos que se dan una vez en la vida, de los que quieres que nunca acaben, de esos con los que siempre sueñas, y yo lo tenía, te tenía, lo había encontrado, eras con el que cruzaría la acera, o medio mundo si me lo pidieras.

Así es como me enamore de ti, de un modo casi enfermizo, delirante, pero era feliz, no me faltaba nada más en el mundo si te tenía a ti. Llegaste a mi vida, escondiendo algo más que amor en tu sonrisa, con el paso del tiempo y de la peor manera, lo descubrí.

Una tarde cualquiera alguien llamó a la puerta. Era una mujer  bella y respetable con la expresión muy  seria y el semblante triste.

Infiel

Hola mucho gusto…yo soy su esposa. Me dijo.

Sus palabras fueron un puño que destruyeron mi mundo de un solo golpe, mis sueños se derrumbaban ahí frente a los ojos de una extraña, al quitarse las gafas, descubrí  que lloraba. Su mundo también se desmoronaba.

La invite a pasar, se notaba desesperada, triste, cansada. Relató cada detalle de su vida a tu lado, sus angustias, sus dolores, los sin sabores de una historia que se alimentaba de dudas, de desconfianzas.

Me conto de su fiesta de bodas, de tus tres dulces hijos, de lo poco que te importaban, de tus errores a los que llamabas pequeños deslices, de los que siempre te arrepentías, pero en los que recaías con tanta facilidad. La forma en que ella sufría cuando descubría labial en el cuello de tus camisas, o aroma de mujer en tu saco. Tristemente yo también forme parte de tus estadísticas, de tu despiadado juego para sentirte hombre.

Me hiciste conocer la parte grotesca del amor, el amor egoísta, el amor que miente, el amor que engaña. Y ella, ella fue mi redentora, mi salvadora, la que abrió mis ojos, la que me alejo de ti. Ella la mujer que no has valorado, que no mereces. No nos mereces, ni a ella ni a mí.

No puedo negarlo, aun te amo, aun lastiman todos estos sueños que tenía  para los dos. Pero  prefiero mil veces sufrir ahora, que vivir toda una vida engañada, prefiero llorarte unas cuantas noches y después librarme de ti para siempre.

Por ultimo déjame que te de un consejo; uno que sin duda te servirá “deja de ser un cobarde y comienza a ser un hombre recuerda que la vida no deja escapar a nadie sin lo que merece. Hoy has dañado el corazón de dos mujeres que lo daban todo por ti, pero en algunos años, cuando pasen tus mejores años, cuando te encuentres solo,  añoraras lo que perdiste; a ella que te dio su vida, a ella a la que llamabas esposa, y también a lo que pudiste tener, a esta mujer que te ama con el alma, a esta mujer  que te escribe por última vez.



     Compartir         Compartir