Tal vez estuviste ahí cuando te necesite y fui yo la que tenía una venda en los ojos, quizás pensé que todo iba en mi contra cuando  yo misma llamaba a la desgracia, no sabía lo que hacía, era el descontrol personificado. Por eso te cansaste de mí, sí, fui la gota que colmó el vaso, la paciencia se desbordo y tus sentimientos ya no confluían como antes, se te acabaron las sonrisas por mi maldita culpa, fui la causante de que tus ojos derramasen lágrimas repletas de decepción y poco a poco todo se consumió sin dar previo aviso.

Y ahora, estoy aquí, arrepentida, soy consiente de la manera que cobra sentido la frase de “nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”; no existe un sólo día en el que piense en ti, en tus abrazos, en tus te quiero y como no, en que el mundo se volvía un poco más fácil si caminaba a tu lado. Pero ya es tarde, lo que se corrompe no puede volver a reconstruirse, seguirá teniendo grietas que recuerden los malos instantes, tu corazón no confía en que otro lo vuelva a hacer añicos. Quiero llamarte, sentir tu voz, que mi corazón palpite desenfrenadamente al escuchar tu respiración al otro lado del teléfono. Deseo buscarte, explicarte que mi comportamiento fue una auténtica estupidez, besarte, y reflejar en un beso lo mucho que te he echado de menos, lo mucho que le haces falta a esta alma solitaria y gris.

aead3fc232b7947e83a5b38fe4e5102b

Aunque no siempre llueve a gusto de todos, está es la condena que he de pagar, tu serás feliz en otros brazos, reirás, besarás, abrazarás, caminarás, al lado de una persona que sabrá apreciar esos pequeños y valiosos momentos que a mi me regalabas. Mientras tanto, podré enamorarme de una multitud de personas, probablemente encuentre el amor, quien sabe, dicen que existen muchos peces en el río que esperan ser capturados, o continuaré sola, refugiándome en los libros o vagando por las calles de la desolación, la vida da muchas vueltas y la próxima que de puede que me deje en el punto exacto en el que quiero estar. Sea lo que sea, jamás encontraré el amor verdadero en otros ojos que no sean los tuyos.

Por: Ariadna López Bratlle



     Compartir         Compartir