Hubo un día en el que parecía que la felicidad golpearía nuestra puerta pero una vez mas nuestro entusiasmo o mejor dicho el mío se exedió y destinada a vivir en la absurda fantasía de tenerte use mi mayor herramienta de batalla para asumir que eso no pasaría.
Hubo un día en el que nos propusimos juntar todos esos pedazos fueran de donde fueran y armar con eso algo mejor pero tu intento de buscar hasta en aquellos rincones donde sabías que ni un corazón cabía, no los lograste hallar.

Hubo un día en que te pensé, te extrañe y hasta hable con mi vos interna de ti, lo mas irónico era que cuando no te tenía de tu ausencia carecía pero cuando allí estabas tu presencia me invadía.
Hubo un día en el que mirando a la nada paso por delante de mi tú imagen tomando de mi mano, parecías feliz pero era consciente de que sólo era en mis pensamientos.
Tanto te he anhelado que ahora que te tengo logro entender que toda la vida estuve perdida y que incluso ahora lo sigo estando, quizá necesitaba que ese pequeño hueco sin rellenar que en mi habitaba lo completes con tu amor.
Quizá necesitaba que me muestres tus botas sucias, tu pantalón roto en las rodillas y tus manos rajadas.  Afirmar que aunque habías perdido esa lucha no te rendiste hasta el último segundo.
Hubo un día en el que no éramos nada pero al siguiente lo éramos todo, de tanto desafiar al destino puso allí una prueba para afirmar tú lealtad hacia mi, tú le fallaste pero luego le rectificaste, demoraste pero llegaste.

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Supuse que habías pedido el tren y  te quedaste años allí esperando a el próximo, quizá no quería notar que dejaste pasar allí trillones de trenes pero temías del recorrido que los mismos te llevarán.
Quizá no fuimos y por mucho que intentemos no podremos ser, por la escasez de palabras, quizás.
Hubo un día en el que aunque no pudimos, intentamos ser.

Por: Valeria Duarte



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