Hoy sólo somos dos extraños queriendo olvidar una historia llena de momentos que ya no volverán, tratando de encontrar en silencio respuestas inexplicables de dónde quedó aquéllo, cada beso, cada caricia, cada sentimiento. En qué momento cambió todo tan rápido sin darnos cuenta. Dónde quedaron nuestras conversaciones hasta la madrugada y hoy ni los buenos días. Cómo es que dos personas que antes lo eran todo, ahora ya no son nada, sólo dos desconocidos con recuerdos en común.

¿Sabes? Todavía te extraño. Y duele. Duele encontrarte por ahí y no poder hacer absolutamente nada. Duele fingir y hacer como si en realidad no me importaras, cuando en realidad, me estoy muriendo por dentro. Duele extrañar lo que solía ser a tu lado. Duele tanta distancia sin poder hacer nada al respecto. Duele no reconocer quién eres. Duele saber que ahora el silencio es nuestro aliado más íntimo. Duele sabernos extraños, ahora con sólo la intención común de desprendernos de estos sentimientos que nos torturan con la carga de la imposibilidad que ser nuevamente correspondidos.

Hoy entre soledades seguimos sintiéndonos solos, indiferentes a nuestras vidas, sin registros de haber compartido momentos juntos. Aunque ambos sabemos que eso es lo de menos, pues son sólo intentos desesperados por buscar perder la memoria para dejar que la angustia y el desvarío cesen por última vez.

En nuestras miradas ya no existe ese brillo, ni las emociones aceleradas, las palabras ya no tienen el mismo efecto, sólo existe entre nosotros una complicidad por querer terminar enredados en una mentira que nadie entiende, que nadie conocerá ni sabrá: que seguimos recordando una historia llena de momentos que no volverán, que morimos por olvidar, por desprendernos de sentimientos que nos torturan, pero no tenemos el valor de soltar lo que en algún momento nos hizo felices.

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Aquí la única verdad es que cada día morimos un poco, cada día nos volvemos nuestros peores enemigos mientras nuestras almas se enfrían. Estamos enfermos de desamor, motivados por una inexplicable razón de querer olvidar cueste lo que cueste un amor que todavía respiramos, que aún sentimos, pero que es tan irreverente que no se atreve a morir ante la ausencia de los protagonistas.

Sin garantías, amor, somos un momento de nostalgia que nos invade para recordar este amor que se fue sin explicación alguna. Por hoy caminaré por los lugares que ya no conozco, sólo para sentir la presencia del fantasma del amor que perdimos. Sin culpa aceptaré que no podemos permanecer más en esa historia que me tiene colgada de un hilo, con esperanzas injustas ancladas al pasado.

Hoy intentaré dejar atrás el pasado, ya no quiero saber si me estas recordando o me estas olvidando, si piensas en mí antes de dormir, si mi nombre retumba en tu cabeza cuando escuchas alguna canción. No , no perdamos el tiempo, la vida y la oportunidad de empezar de nuevo, lejos de recuerdos que ya no nos pertenecen y que sólo nos hacen sentir mal.

Quizá algún día nos crucemos por allí, por la calle o algún bar, y fingiremos no conocernos, haremos de cuenta que nunca compartimos parte de nuestras vidas, que no tuvimos sueños juntos, seremos como dos extraños que se solían conocer y hoy intentan pasar esa página, sin dolor.

Hoy somos dos extraños que se conocen perfectamente, y que a pesar de todo, siguen queriéndose… queriéndose olvidar.

Autor: Karla Galleta



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