Estoy cansada de vivir en un mundo del “qué dirán”.

Nos importa tanto la opinión de la gente, los comentarios, los halagos. Claro, a veces una aprobación, un piropo, un consejo, es bueno…

Pero vivimos en un mundo donde lo que piensen los demás es de suma importancia y hacemos o dejamos de hacer para dar gusto y eso no es justo.

Quiero hacer lo que quiero sin miedo al qué dirán, sin miedo a las habladurías, a los chismes, a las traiciones.

Si haces las cosas mal eras mala y si haces cosas bien eres tan buena que te tachan de tonta, de ingenua, de anticuada. ¿Qué es lo que quiere la gente entonces?

Bien dicen… Jamás le darás gusto a nadie.

Y ¿saben qué?

Hoy decidí no darle gusto a nadie, más que a mí.

Hacer lo que siento y pienso porque quiero y porque puedo, porque confío en que puedo lograr lo que me proponga y obtener lo deseado. No soy la mejor, tampoco la peor, tengo defectos y voy cometiendo errores y la gente hagas o no lo correcto vivirá juzgando, entonces ¿para qué me preocupo?

Que hablen, que digan, que critiquen, mientras yo sepa quién soy y que es lo que quiero y a quien quiero, no me importa.

¿Qué si mis amigas o amigos hablan? Tampoco tomo importancia. Si son mis amigos no hablaran mal, si no son lo harán y te darás cuenta de quien sí y quien no en tu vida.

No tengo tiempo para más hipócritas o personas que hablan de lealtad y van por la vida traicionando.

No juzgo, no critico, y no lo hagan, un día no muy lejano podemos encontrarnos en alguna situación que en algún momento juzgamos.

Recuerda: cuando un dedo apunta hacia otra persona, cuatro te apuntan a ti.



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