Iniciar una relación es algo maravilloso. Sobre todo si ambos están enamorados y sienten que el otro es la persona especial que han estado buscando por mucho tiempo y que por fin han encontrado. Si es así, ese nuevo amor puede causarnos un estado de excitación y alegría incomparable, algo que hay que vivir para poder saber de qué se trata, pues es difícil poder expresarlo con palabras. Sin embargo, también es natural que sintamos un poco de temor, pues, sobre todo en las primeras etapas de la relación, no sabemos a lo que nos estamos enfrentando, no queremos cometer errores que dañen lo que estamos empezando a construir ni que los cometan con nosotros. Todos queremos tener un amor sano y satisfactorio, y creo que para lograrlo hay tres simples reglas que nos pueden ayudar: no mientas, no engañes y no hagas promesas que no puedas cumplir. Estas tres reglas son elementales si lo que queremos es construir una relación saludable y perdurable. Veamos.

No mientas

Aquí hay que ser muy claros y muy honestos. Si por mentir tuviéramos que ir a la cárcel, ¿quién diablos iba a cerrar las puertas? A lo que me refiero es que todos hemos mentido en más de una ocasión, la mayoría de las veces con mentirillas blancas e inofensivas, pero hay quienes de vez en cuando tienen la costumbre de decir mentiras peligrosas, que pueden poner en riesgo la relación que con tanto esfuerzo se ha construido. En la pareja, las mentiras no deben tener lugar, porque, recordemos, una de las bases de toda relación es la confianza; si esta se pierde, la relación se tambalea y puede llegar a caerse. Ante todo, debe haber honestidad al cien por ciento, pues cuando hay amor las mentiras no tienen razón de ser. Sin embargo, la realidad suele ser otra. Lamentablemente en nuestros días se han perdido los valores de la honestidad y de la lealtad, básicos para que una relación tenga éxito. No caigas en este error. Nunca le mientas a tu pareja, antes bien, trátala como a ti te gustaría que te tratara: con la verdad.

No engañes

La infidelidad es, probablemente, una de las peores cosas que le pueden ocurrir a una pareja. La víctima la vive como una tragedia personal. Y no es para menos, pues cuando has entregado tu amor y tu confianza a una persona y te traicionan, te sientes la persona más desdichada del mundo. Realmente son muy pocas las parejas que puedes continuar con la relación después de una infidelidad, y créeme, las cosas nunca vuelen a ser como antes. Nunca de los nuncas se te ocurra engañar a tu pareja. Aquí la comunicación es esencial. ¿Qué está pasando en tu relación que te hace desear estar con otra persona? Platica con tu pareja qué cosas no te están satisfaciendo. Quizá encuentren una solución. Si no, corta por lo sano antes de engañar.

No hagas promesas que no puedas cumplir

En una relación, una promesa debe ser algo así como un juramento sagrado, por mínima que sea. Debes estar dispuesto a cumplirla en tiempo y forma, de otro modo serías solamente un hablador. Siempre cree en el valor de una promesa, y cuando no estés seguro de poder cumplirla, mejor no te comprometas gratuitamente. Lamentablemente en la actualidad, las personas se toman las promesas a la ligera, y creen que con un “discúlpame, no pude hacerlo” basta para quitarse el compromiso de encima. Yo creo más bien que una promesa es un pacto, y que si incumples ese pacto, debería venirte la deshonra. De cualquier forma, al que promete mucho y cumple poco le sobreviene su castigo: la desconfianza paulatina de su pareja. Por eso, promete poco y cumple mucho.



     Compartir         Compartir