De pronto un día vuelve a suceder, despiertas, te miras al espejo y no te reconoces, vueles a ver esa mirada, profunda pero vacía, tan profunda que puedes saludar de mano a esa soledad que por un instante creíste se había ido, pues apenas ayer sonreías a la vida, tan vacía, que te hace pensar que quizá esa sonrisa era fingida.

Dicen que un suspiro es un beso no dado, o que es el aire que añora a alguien que te falta, y ese día hay muchos suspiros, y tratas de ponerle nombre a cada uno. Ese aire que te sobra por alguien que te falta, te vuelve a ahogar en un turbulento mar de recuerdos, son tantos que no logras distinguir el principio y el fin de cada uno.

La incertidumbre de hace pensar desesperadamente a donde se han ido todos cuando más los necesitas, ese sentimiento dubitativo, de manera instantánea se transforma en ira, pues te frustra el volver a sentirte triste, dependiente,  sabes que aunque puedes solo, hoy no tienes la fuerza interna que te levante.

alone

La ternura  de la mirada de la soledad te hace recordar que no es tan malo tenerla, pues gracias a ella, has encontrado la respuesta a diversos acertijos que te ha puesto la vida, sin embargo no puedes evitar sentir su veneno recorrerte todo el cuerpo, pues siempre has albergado ese miedo a estar y a sentirte solo.

Es entonces, cuando aún frente al espejo, tomas agua helada en las manos, te mojas la cara, y comienzas a practicar tu sonrisa, esa mueca que le diga al mundo que estas bien aunque las paredes de tu interior estén agrietadas y desencajadas.

Buscas desesperadamente esa cara convincente que haga tregua con tus emociones, esa cara que evite que el resto del mundo te pregunte como estás, pues esa pregunta el día de hoy o tiene respuesta….

Hoy es uno de esos días en los que ni tú sabes cómo te sientes…

 



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