Sí, así como si fueras una computadora o una lap top, hay gente que te abraza y te reinicia, y lo hace cuando más lo necesitas, cuando estás trabada por los problemas de la vida cotidiana o por algún obstáculo existencial, o cuando el virus de la negatividad te agobia, ahí está esa persona especial, lista para darte ese abrazo que te sacuda y te haga salir por un momento de tu mundo de adversidades para entrar en el reconfortante calor de sus brazos. Esa persona para mí eres tú, porque siempre estás cuando te necesito, no importa si es a medianoche y requiero de tu presencia en mi cama para que me calmes el miedo de una terrible pesadilla, tú vienes a mí, todo lindo, a pesar de la hora, a pesar de la lluvia, para cuidarme, para abrazarme y acostarte junto a mí hasta que me quede dormida.

Siempre estás conmigo cuando te necesito. Cuando tengo calor, eres como una bebida refrescante, sabrosa y en las rocas. Cuando tengo frío, eres como un chocolate caliente, bien caliente, o como un abrigo cálido. Cuando estoy llorando eres consuelo y paño de lágrimas. Cuando tengo ganas de reír te conviertes en el mejor comediante del mundo, y me botas a carcajadas; tu sentido del humor es impresionantemente grandioso cuando estás conmigo. Cuando tengo hambre de amor tus labios me alimentan y todo tu cuerpo me nutre. Cuando quiero escribir un poema o una canción eres mi muso, cuando quiero tomar una fotografía siempre quieres ser mi modelo. Definitivamente eres mi complemento.

Siempre estás ahí cuando te necesito. Y aunque a veces discutimos y tenemos nuestros problemas, como cualquier pareja los tiene, nuestro amor es más grande y siempre terminamos mirándonos y dándonos cuenta que nuestros sentimientos mutuos son siempre nobles y que nunca es nuestro afán hacernos daño, por eso siempre todas nuestras discusiones terminan en paz, en una mirada de paz y en un beso que se prolonga hasta el infinito. Quiero decirte que eres esa chispa que enciende el motor de mi esperanza, que alimenta mi alegría de vivir y le da color a mi existencia. Me encanta escucharte hablar, con tu ronca voz, de hombre sereno, tranquilo y apacible, pero a la vez varonil, valiente cuando se necesita. Siempre tienes un consejo para mí cuando lo requiero, o palabras lindas y dulces cuando menos me las espero (que es cuando más las necesito). Me gusta escucharte hablar con tus amigos, tan seguro de ti mismo, y cómo todos te prestan atención tal como los alumnos escuchan a su profesor; eso es algo que admiro mucho de ti.

Pienso que he tenido mucha suerte en haberte conocido, pues, si te fijas, como dice la canción, habiendo tantos siglos, tanto mundo y tanto espacio, es un milagro haber coincidido. La vida ha sido bastante generosa conmigo y no puedo más que estarle muy agradecido al universo por haberte puesto en mi camino. Y gracias a ti también, por aceptar ser mi acompañante en dicho camino, por querer que andemos juntos el sendero de la vida.



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