Hay amistades que llegan a ti para cambiar tu vida radicalmente. Son personas especiales que entran en tu camino para, incluso, cambiar tu rumbo cuando este se encuentra perdido. Si has tenido la fortuna de tener un mejor amigo o una mejor amiga sabes de lo que hablo. Esa persona siempre te acompaña a donde quiera que vayas, y no sólo te acompaña en presencia física, sino que sabes que tienes su apoyo moral cuando más lo necesitas. Se trata de una persona que te hace ver el mejor lado de las cosas, que te saca una carcajada cuando menos te lo esperas, que te saca incluso una lágrima, ¿por qué no?, con algún comentario que te llegue al corazón, pero para bien, porque un verdadero amigo nunca de los nuncas te heriría, jamás te haría daño, y eso tenlo por seguro. Un verdadero amigo te hace creer que en el mundo siempre existen cosas buenas que nos aguardan, cosas qué experimentar, qué vivir, qué gozar, y quiere que las vivamos a su lado, porque a su lado adquieren otro color, otro matiz, porque vivir la vida junto a un amigo es lo más maravilloso que te pueda pasar, y es algo que desearías que todo el mundo pudiera experimentar. Sí, porque piensas: “ojalá que todo el mundo tuviera un amigo como el que yo tengo, ojalá que todos fueran tan afortunados como yo”.

Hay personas que, una vez que cruzas con ellas la puerta de la amistad, el vínculo no se rompe jamás: la amistad dura para siempre. Y con ello se abren un montón de puertas más: la puerta del apoyo mutuo, la puerta de la confianza, la puerta de la lealtad, la puerta de la fidelidad, la puerta de la confidencia, la de la complicidad, y muchas otras más. Sabes que contarás con esa amistad en los momentos más difíciles, por ejemplo, cuando la tristeza invada tu corazón. En esas horas melancólicas, tu amigo verdadero se sentará a tu lado y te escuchará, sin juzgarte, y haciéndolo como sólo él sabe hacerlo, te elevará el estado de ánimo y juntos cantarán una canción de alegría y dicha. Porque cuando tienes una amistad auténtica, el mundo siempre luce brillante y pleno, por más oscuro y vacío que se te presente. Y si en tus andares por la vida de pronto, por casualidad o por circunstancias ajenas o propias a ti, llegas a perder el camino, tu amistad eterna siempre estará ahí para guiarte, para ser el faro que te ilumina y que te dice hacia dónde debes caminar para retomar el rumbo, para recapacitar.

Por eso, si tú tienes una amistad auténtica, agradécele a la vida, ya que no todos tienen la misma fortuna; tú eres uno entre miles, quizá entre millones, que ha encontrado un compañero fiel de andanzas y aventuras. Siéntete feliz, lleno de gozo y muy dichoso, y cuida muy bien a esa amistad, para que ella cuide de ti para toda la vida.

Y tú, ¿ya tienes una amistad eterna?



     Compartir         Compartir