Hemos escuchado un sinfín de veces que si queremos ser felices no debemos prestarle importancia a la opinión de los demás. Palabras fáciles de pronunciar y difíciles de asimilar para quien no lo ha vivido.

¿Que se supone que debes hacer cuando los “demás” son la gente más cercana a ti y que más te importa?

Cada mañana te levantas con una sonrisa en el rostro, pensando que ese día será el mejor y si bien sabes que no será perfecto, te haces a la idea de encontrar todo lo positivo e ignorar lo negativo.

Pero a veces es imposible extender esta sonrisa el resto del día, porque te cansas.

Te cansas de intentar e intentar cumplir las expectativas de tus padres, amigos, colegas, pareja, etc. Y tristemente darte cuenta que este esfuerzo pasa desapercibido y siempre habrá algo que reclamar, mejorar, cambiar…

Y entonces te desanimas y por la noches… solo cuando todos se han dormido, te hundes en tus pensamientos y lloras, tal vez por dentro, o tal vez sobre la almohada… y de pronto  te das cuenta que no sabes qué caso tiene seguir esforzándote, si finalmente todos se acaban alejando y siempre va a haber alguien mejor que tú que te recuerde todo lo que tú no eres.

Resulta que aunque sabemos que nos debería bastar con ser suficientes para nosotros mismos, no es así en absoluto. Siempre, llega el momento en el que sentimos la necesidad de ser bueno para alguien, de que otra alma se sirva de nosotros y nos haga darnos cuenta que si bien, tal vez no somos los mejores, somos especiales.

Después de varias noches experimentando esta sensación, la vida me puso la solución enfrente.

Es irónico, pero a veces quien aprecia más tus acciones es quien no te conoce.

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 Para esa persona que diste unos pesos afuera de la iglesia probablemente seas un ángel, para ese cachorro perdido que alimentaste probablemente seas un salvavidas, para ese pequeño al que ayudaste a destapar su jugo probablemente seas un superhéroe…  La vida nos da miles de oportunidades para sentirnos bien, el problema radica en que a veces damos demasiada importancia a algunas y minimizamos otras.

No debemos dejar de esforzarnos, ni de dar lo mejor día con día… simplemente basta con prestar atención a los detalles, a las pequeñas cosas y momentos que nos brindan la oportunidad de hacer bien las cosas, sumar importancia a lo que ignoramos y restar a lo que otros ignoran.



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