Estoy muy agradecida con la vida por haberte dado el don de la existencia. Sí, en primer lugar, gracias a ti por existir, porque con tu presencia en este planeta iluminas la vida de cientos de personas que te conocen, te respetan, te admiran y te quieren. Pero en especial, gracias por haberme elegido a mí para caminar juntos por este sendero llamado vida, por este mundo extraño, tan peligroso como hermoso, gracias por hacer de mis días un oasis de dicha plena y felicidad. Te agradezco, mi amor divino, por cada bello momento que he pasado a tu lado, créeme que me he esforzado por ser la persona que te haga feliz y que sea la perfecta compañera en este viaje único y sin retorno llamado vida. Gracias por todas esas sonrisas que dibujas en mis labios, por las lágrimas que a veces no puedo evitar que se me escapen de los ojos, que no son de tristeza sino de alegría y de emoción por tanto amor y tanta ternura que recibo de ti y que en realidad no puedo creer que esté sucediéndome a mí. ¿Qué hice para merecer tantas cosas buenas?

Gracias, cariño mío, por haberle devuelto la luz a mis pasos, por todo el amor que me das y que yo guardo con celo en un rincón bien protegido de mi corazón feliz, y por la fe que hoy tengo en mí misma, en ti y en lo nuestro. Yo era como una isla virgen, en la que reinaba la soledad, en la que ningún caballero aventurero había puesto un pie jamás, así que gracias por venir a descubrirme, gracias por conquistarme y por colonizarme; aquí me tienes ahora, rendida a tus pies, dispuesta a hacer por ti lo que me pidas, porque mi amor es tu amor y mi vida es tu vida. Yo era una mujer sumamente tímida, de todos me escondía, casi no hablaba, era insegura de mí misma, pero tú me enseñaste que podía confiar en mí misma, que la valentía estaba en mi interior y que todo era cuestión de recuperar mi autoestima, mi aprecio por mi propia vida. Gracias por enseñarme que soy capaz de hablar con mi cuerpo, de hacer más seguro mi lenguaje corporal, de no temerle a nada ni a nadie.

Gracias, hermoso mío, por darme un amor supremo, y dejarme colocarlo en el centro de mi alma, para que desde ahí fulgure y todos se den cuenta de cuánta felicidad irradio. Gracias por hacerme feliz, por poner tanto empeño en que nuestra relación no solamente funcione, sino que nos de esa dicha que tanto buscan las parejas y que tan pocas encuentran. Porque nuestro amor es como pocos, pleno, vivo, palpitante, que cada día crece y se fortalece, pese a los obstáculos que la vida nos ha presentado. Eres perfecto para mí y te lo quiero decir así, directamente, perfecto como nadie podría serlo, porque perfecto no es aquel que no tiene errores, sino el que sabe reconocerlos, como tú. Y tú siempre estás dispuesto a mejorar, a ser un hombre nuevo cada día, y eso es algo que yo valoro como no tienes idea. Gracias, amor mío, por ser como eres y gracias por tu hermosa presencia en este mundo.



     Compartir         Compartir