Cuando te perdí estaba deshecha. Recuerdo vívidamente la última vez que te vi. Llevar esa última imagen tuya en mi mente destrozaba continuamente mi ser. En algún momento pensé que estarías conmigo siempre, lo cual no sucedió.

Te me perdiste con el pasar de los años y ahora simplemente te tiré al olvido de la manera más política que pude. Lo que más suplicaba era no toparme contigo pues sentía que al verte volvería simplemente a recaer en ese depresivo estado de amor no correspondido. Y han pasado muchos años de ese último día cuando por última vez yo te vi. Hoy por azares o ‘coincidencia’ estoy frente a ti. Te estoy mirando como la última vez y mi corazón late rápidamente, casi al colapso, siento una inmensa alegría verte, pero estoy más feliz porque… Porque no estás junto  a mí.

Sin lugar a dudas fuiste algo meramente pasajero. De esos amores que terminan doliendo a la gente como yo que amamos sin condición y enteramente. No es que no tenga gusto de verte y recuerde lo vivido a tu lado. Pero la realidad es que eres sólo eso, sólo un lindo recuerdo.

Verte de nuevo me sirvió para confirmar el hecho de que soy una mujer fuerte. Que lo vivido ha sido aprovechado. Que cada día que pasa me valoro aún más y que no importa lo que pase siempre estaré para mí. No merezco migajas, merezco el amor completo y pleno. Las lágrimas que por ti derrame entonces valieron la pena.

Ahora que te veo de frente cuando el tiempo no pasa de largo, comprendo que la madurez ha llegado a la conciencia, en un grado que no cualquiera comprende. Tu desamor y el de otros me hicieron creer en el amor mismo y descubrir que he recibido lo que he merecido. El daño que causaste fue por mí permitido. El amor que en mí dejaste fue por mí alimentado. Ya no te amo, ni tampoco e extraño. Hoy puedo verte a los ojos y puedo decirte gracias por haberte marchado. Si no hubiese sido por tu partida, nada después de ti hubiese sido vivido; si no te hubieses ido no conocería jamás el amor verdadero y el valor de mi amor propio.

Ahora estás frente a mí y puedo mirarte a los ojos y no sentirme débil ante ti, ante mí. Ahora que estás frente a mí he comprendido que superé mis temores y derroté mis demonios, pues nada del viejo amor que te tuve, existe.

Solamente el placer de verte y poder decirte de frente: Gracias por haberte marchado, por no seguirme amando, por no ser… El amor de mi vida.

 

por Edith Neri



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