Creía que estaba con el hombre de misueños, pero no veía lo que pasaba en realidad.

Tenía 18 años y recién había salido del colegio. Estaba esperanzada de la vida, muy feliz e ilusionada, viviendo muchas experiencias nuevas cuando lo conocí a él: alto, guapo, con una mirada penetrante, pelo castaño y voz ronca. Comenzamos a salir. Él me hacía sentir que estaba en las nubes, que todo era perfecto y maravilloso, y empezamos una relación seria.

Mientras todo esto ocurría, él se mostraba controlador, pero obviamente me decía que era porque la gente es mala y con alguien inocente como yo todos se aprovecharían. Solo teníamos un año de diferencia de edad, pero él tenía el mundo en sus manos. Le iba excelente en la universidad, tenía muchos amigos, simplemente era el hombre perfecto.

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Obviamente yo era distinta -o él así me hacía sentir-. Él me mantendría cuando nos casáramos porque yo no lograría titularme de la universidad. Yo era una mujer para casarse, una mujer para tener hijos y estar solamente en casa. Obviamente no me daba cuenta que él buscaba arruinar mi autoestima.

Seguimos con nuestra relación y prontamente me pidió matrimonio: se arrodilló y yo sentía que estábamos en una película. Le pidió a mi papá mi mano, y para mí no podía ser más perfecto. Estuvimos juntos casi un año, hasta que un día él decidió salir con sus amigos, yo tuve un extraño presentimiento. Me enojé y no le hablé. Al siguiente día mi mejor amiga me dice que nos juntemos. Corrí a verla y me mostró unas imágenes de él pidiéndole a otras mujeres fotos desnudas de ellas. Dañó tanto mi ego y mi autoestima. Me preguntaba: ¿por qué había hecho eso si no era tan hermosa?

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Pero ahí me di cuenta de absolutamente todo. Que no estaba enamorada de él, si no de la ilusión que me había creado, que amaba a su familia y a sus amigos que me habían querido tanto, pero no a él.

Fue duro terminar, pero lo hice. Ahí fue cuando viví lo que nunca creí que viviría, él no me dejaba tranquila así que le pedí a un amigo que le dijera que yo ya no quería nada. Reaccionó pésimo, me llamó y me amenazó físicamente con que no iba a estar con nadie si no era con él.

Ahí decidí contarle todo a mis papas. Tener la red de apoyo que él, en todo el tiempo que estuvimos juntos, se había preocupado de destrozar. Yo ya no tenía amigas, solo las personas que él quería que fuesen cercanas a mí. No quería que le contara a mi papá, porque él sabía que me protegería. Era muy astuto, pero ese mismo día cuando decidí hablarlo, todo llegó a su fin. Pese a que él no descansó y decía que no podía estar sin mí, obviamente yo hice oídos sordos. Y lo mejor, es que continúe mi vida.



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