Existen personas que han perdido toda la fe en el amor, que ya no creen más y que huyen de él porque temen que se les vuelva a lastimar. Piensan que el amor falla y duele, cuando la realidad es que es la fuerza que mueve al universo y quienes en realidad terminan fallando y causando dolor, son aquellas personas que no saben de amor.

Un sinfín de personas así se habían atravesado por su camino, por alguna u otra razón siempre creía que la próxima vez sería diferente, sin embargo, eso nunca fue así. Las personas terminaban lastimando sin consideración alguna tal vez por su forma de ser: siempre daba todo a manos llenas, siempre noble, siempre buena, siempre dejando entrar a quien no hacía ni el mínimo esfuerzo, siempre reteniendo a quien no tenía intenciones de quedarse, siempre.

Ella era de las que aman sin medida alguna, de las que se entregan por completo. De esas mujeres que ¨nadie¨ quiere porque nadie de los que se cruzaron en su camino fueron lo suficientemente valientes y hombres para luchar por ella. Cada día en lugar de hacerla sentir valiosa, solo le hacían creer que algo estaba mal en ella y que por eso recurrían a alguien más, que por eso poco a poco perdían el interés. ¡Patanes! Eso es lo que eran cada uno de los hombres que conoció, sólo querían poseerla sin la intención de amarla. Y cansada de siempre lo mismo, cayó en el juego, en el juego de dejarse utilizar por los demás, total, que más daba si nunca había sido amada, que más daba si ella también voluntariamente participaba en una ¨relación¨  que como mal empezaba mal acabaría, todo por no caer en la soledad.

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Una y otra vez le rompieron el corazón. Y aunque decidió jugar, en realidad terminaba enamorada, entregándose por completo, dando todo a manos llenas, queriendo con todo su corazón, tratando de conquistar y enamorar al otro, siendo la que buscaba, la que llamaba, la que siempre hacía los detalles y se acordaba de las fechas especiales y por más que trataba de ignorar lo que todo mundo sabe (que el amor es de dos) sólo agrandaba su dolor porque evidentemente al final, siempre terminaba vacía y rota.

Ni siquiera ha de recordar cuantos fracasos tuvo, sólo recuerda que su forma de ser no rindió frutos, no recuerda que una sola vez la hayan amado, sólo recuerda el sinfín de veces que la lastimaron.

Por alguna extraña razón siempre elegía el mismo patrón; el hombre infiel, machista y Don Juan, ese que pensaba que por ella habría de cambiar, ¡que ingenua fue! Perder su dignidad, libertad y felicidad por un tipo de hombre que jamás la habría de merecer. Pero a veces todo se debe a nuestra falta de amor propio, a nuestra baja autoestima, a nuestro terror a la soledad y por esas inseguridad vino a parar en donde tenía que parar… en las cuatro paredes de su habitación, llorando canción tras canción, lamentando sus pérdidas, sufriéndole a su dolor, suplicando una y otra vez no volverse a enamorar… jamás.

Un día, cansada de verse destruida decidió que ya no más, ya no más hombres, ya no más amor, ya no más humillación y ya no más dolor. Ya no más permitir que nadie la viera como un juguete, uno que al principio es la sensación y después de un tiempo se pierde la emoción.

Decidió no volver a llorar, no volver a agachar la cabeza, no volver a bajar la guardia, no volver a sufrir más. Creó muros tan altos en su corazón para que nadie pudiera derribarlos. Perdió la fe en el amor y se dedicó a sanar su dolor.

Muchas veces flaqueó y volvió a derramar lágrimas, no le fue fácil superar tanto amargo trago y salir adelante. Incontables veces los recuerdos parecen atacarla, pero se mantiene firme como puede y saca fuerzas de donde no cree encontrar, así no se vuelve a derrumbar.

Su rostro tomó otro semblante. Ahora parece un cuerpo sin alma, su rostro ya no irradia felicidad y por ello la gente suele hablar. No le interesa el amor ni encontrar un príncipe azul, prefiere refugiarse en su habitación y perder el tiempo pensando en todo lo que quizás nunca tendrá: tranquilidad en su alma y paz en su corazón.

Ella no culpa a nadie, aunque le costó mucho terminó perdonando y perdonándose. Simplemente entendió que hay personas que llegan a nuestra vida para darnos una lección, tal vez a ella se le repitió una y otra vez porque parecía no entender.

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Y aunque la gente hable a sus espaldas nadie pudiese comprender su forma de ser, sólo se fían del exterior, pero lo verdaderamente importante siempre estará en el corazón. Sus constantes tropiezos, la manera tan cruel en que rompieron su corazón y lo mucho que le costó armarlo de nuevo, hicieron que ella no tuviera más opción… se volvió fría, no tuvo más elección.

Ella ya no busca ni espera a nadie. Quien llegue no tendrá más opción que derrumbar los muros que creó en su corazón, sino, tan sólo que se marche porque definitivamente no será alguien que de verdad quiera amarle. Ella merece mucho más de lo que ha tenido y aunque jure que no desea volverse a enamorar, todos necesitamos un poco de amor para vivir. Tal vez en el fondo de su corazón conserve una pequeña esperanza, tal vez algún día llegue el hombre que la haga bajar la guardia, pero que lo hará porque con ella desea estar.

La gente podrá seguir murmurando que carece de sentimientos, que es un tempano de hielo. Que su corazón se ha envenenado de amargura y soledad. La gente juzgará porque es fácil hacerlo cuando sólo se toma como referencia el exterior. Pero detrás de esa carcasa y de esos muros que hay en su corazón, se encuentra una mujer buena, noble y con hermosos sentimientos que alguna vez amó pero le destruyeron su corazón y por eso en ello se convirtió. Y es que… el lobo siempre será el malo, si caperucita es la que cuenta la historia.

Fría como el hielo, pero en las manos correctas… CUALQUIERA se derrite.

Autor: Stepha Salcas



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