Lo bueno de los corazones rotos es que sólo se rompen una vez, los demás son solo rasguños, sin embargo, aquellos que saben amar de verdad, ni con mil heridas pierden la capacidad.

Es fácil juzgar y criticar, señalar a aquellos que ya no tienen más interés en amar, en comprometerse, en encontrar el amor y reposar sus alas al lado de alguien. Sí, es sumamente fácil, lo complicado es indagar un poco en la vida de los demás, conocer a las personas de verdad y ponerse en sus zapatos. Y finalmente los más señalados terminan siendo esos corazones rotos que ya no demuestran ninguna emoción ni sentimiento, mismos a los que no les es fácil abrir su corazón ni dejar entrar a las personas porque cuando amaron hasta no poder más, terminaron rompiéndolos en tantos trozos que, continúan sin poder armar de nueva cuenta su corazón.

Esta es mi historia, compartida por tantas personas que como yo, en algún momento tuvieron un puñado de sueños e ilusiones, que volaron tan alto y entregaron todas sus emociones a alguien a quien no le importó estar en el corazón que sin piedad rompió. Qué fácil es enamorar ¿cierto? Lo difícil es mantener a la persona así y lo triste es sólo enamorar para dejar, para marcharse sin motivos, sin una explicación y sin un adiós. Es de cobardes llegar a pintar a una persona de arcoíris y enseguida decidir que el color que más debe resaltar es el negro. Y ahora, no han quedado ganas de sonreír, no han quedado motivos para ser feliz, no al menos por el momento.

Lo sé, el tiempo todo lo termina curando tarde o temprano, sin embargo, cuando las heridas llegan a ser tan profundas, a la menor provocación incluso cuando se han convertido en cicatrices, estas terminan sangrando. Y si, no ha sido fácil, me costó un sinfín de lágrimas levantarme y mantenerme de pie firme. No ha sido fácil reconstruirme, juntar los pedazos de mi corazón y armarlo nuevamente. Continúa habiendo pozos que, no espero que llene nadie más, he decidido llenarlos por mí y para mí y es que no quedaron ganas de volver a sentir… nada por nadie.

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Aprendí a hacer las cosas por mí y no esperar nada de nadie y es que si lo piensas bien, nadie hará por ti lo que tú misma no hagas.

Me señalan sin saber que no soy la persona fría que a simple vista aparento ser, a pesar de continuar con algunas heridas a flor de piel, mi corazón sigue siendo cálido y mi alma continúa siendo pura, pese a todos los que me lastimaron aún tengo sueños y anhelos, pero ya no más cometo el error de gritarlos a los cuatro vientos.

Ahora todo ha cambiado, ya no creo más en cuentos de princesas ni en finales felices, ya no creo que todos tengamos la capacidad de amar, algunos sólo nacieron para herir a los demás. Ahora ya no he de dejar entrar a cualquiera ni confiaré en las primeras palabras que me endulcen el oído. No todos merecen amar y no todos merecen sufrir, pero triste es saber amar y sufrir sin merecer por culpa de un amor mal correspondido.

Esta vez no culparé a nadie que no sea a mí misma, porque a decir verdad he sido yo quien tomó la decisión de volverlo a intentar aun cuando las probabilidades de éxito eran muy bajas. Asumo las consecuencias de mis actos y finalmente me perdono, sí, me perdono por aceptar menos de lo que en verdad merezco, por intentarlo una vez más hasta quedar destrozada, por no valorarme y no poner un alto a tiempo. Me perdono pero no he de arrepentirme de entregarme completamente, de no ser así entonces no sabría cuán grande y valiosa es mi capacidad para amar.

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Y es que en el amor todo, a medias nada sirve y si por ello tengo heridas pues ¡bienvenidas! Estas terminarán por hacerme más fuerte y cada una me recordará cuán valiente soy en terrenos del amor.

Por el momento no me han quedado ganas de volverme a enamorar pero no diré que eso será eterno porque no todos son iguales y a decir verdad el amor no falla, fallan las personas. Por eso he construido muros tan altos en mi corazón que a aquellos amores que no valen la pena les será imposible derribar, pero quien de verdad me quiera amar, lo conseguirá. Aun así, por el momento he decidido tomarme un tiempo, llevar mi duelo, sanar heridas y terminar de reconstruirme.

Soy fiel a los tiempos perfectos y todo habrá de llegar en su momento. Aunque ahora estoy de pie, hay noches que aún me da por recordar. Recordar a quienes quise o amé, quienes me llenaron de ilusiones y me terminaron rompiendo de a montones. Cada traición, cada mentira, cada falsa ilusión a veces siguen lastimando como una espina. Aún hay ocasiones en que una lágrima rueda por mi mejilla, aun continúo con algunas pesadillas y con recuerdos que lastiman en lo más profundo de mí ser.

Y aun así nadie habrá de verme destruida porque para verme así, hace falta mucho más que un ingrato amor.

No importa cuánto juzguen, solo yo sé cuánto me ha costado ponerme y mantenerme de pie. Ahora mi mayor tesoro es mi corazón y no lo he de abrir tan fácilmente a nadie. Me enamoraré de las acciones y no de las palabras, de alguien que esté cuando todos se han ido, de alguien que busque y llame, pero sobre todo que ame.

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Esa frialdad que la gente tanto me critica no es más que un resguardo. ¡No expondré más mis sentimientos! Ahora soy una persona más segura de sí misma que no permitirá que la lastimen más. Sigo rota pero con la ilusión vagabunda de algún día abrir las puertas de mi corazón de par en par y dejar entrar a alguien que demuestre que me ama de verdad. Pero por hoy prefiero continuar así: ¡fría!, ignorando que lo que tengo es un millón de cicatrices y un sinfín de recuerdos.

Y es que, cualquiera puede ser frío, pero en las manos correctas uno acaba por derretirse.

Autor: Stepha Salcas

Derechos de Autor.

 



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