Había muchas cosas buenas, no lo niego, caricias, sonrisas y abrazos que todavía añoro, pero eran más fuertes nuestras peleas y discusiones que desafortunadamente se volvieron diarias. Cuando nos dijimos adiós sentí un dolor inmenso en el corazón, me inundé en un mar de lágrimas hasta casi ahogarme y la pena me duró mucho tiempo, hasta que un día me puse a pensar: ¿por qué estoy sufriendo? ¿Porque lo extraño? Y no, la respuesta no era esa, no te extrañaba a ti. En realidad, extrañaba pasar el tiempo con alguien, salir a pasear con alguien, besar y abrazar a alguien, tener a alguien que me cuidara y a quien cuidar.

El problema es que tú nunca estuviste cuando yo más te necesité. Cuando veías que estaba triste, sólo me evadías, pero, ¿sabes qué es lo que me daba más coraje? Que con otras personas eras más amable y condescendiente que conmigo. Ahora me doy cuenta de que tu frialdad y tu indiferencia eran la causa de esos arranques de llanto que tenía cuando estaba a solas y que no sabía de dónde provenían o cuál era su razón.

 

Afortunadamente llegó el momento en el que comprendí que no iba a ser feliz contigo, por eso me siento dichosa de que te hayas ido a tiempo, antes de que acabaras con la poca esperanza que aún tengo en el amor. Hoy sé que valgo mucho, que merezco a alguien que me respete, que me comprenda y que me trate como lo merezco, y sobre todo que esté dispuesto a entregarse en la misma medida en la que yo me entrego. Si algo extraño, no es a ti, si no a las cosas que hacíamos, pero por suerte me he dado cuenta que esas mismas cosas las puedo hacer con cualquier otra persona, incluidos mis amigos. ¿Salir un viernes por la noche? Para eso están los amigos. ¿Tener un confidente que me comprenda y que guarde mis secretos? Para eso está mi mejor amiga, mi hermana o incluso mi madre. No te extraño tanto a ti sino a la relación y lo que ella conllevaba, pero eso puedo tenerlo con una persona muchísimo mejor que tú.

A final de cuentas, quiero darte las gracias, porque, aun cuando no fuiste la pareja que esperaba, me enseñaste, por las malas, a valorarme y a respetarme, y a saber qué tipo de hombre definitivamente no vuelvo a invitar a mi vida.

Autor intelectual: Zeltzin Ramírez



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