Extraño tu sonrisa y la manera tan sublime que tenías para lograr quedarte en mis pensamientos, con cualquier detalle, con el mínimo pretexto, extraño tu mirada y tu sonrisa escandalosa, esa que provocaba otras mil risas en mí.

Extraño tus besos, esos que recorrieran mi cuerpo, tus labios que conocían perfectamente,  cada parte de mí, extraño tu chiste tontos y tus manías que termine por adaptar a mí, extraño tus manos frías , extraño tu fortaleza, tus gana de superarte y ser feliz.

amor de mi vida

Extraño tus locuras, esas que me rescataban de la rutina, que me evitaban a conocer mil mundos en los que nunca creí, extraño los abrazos por la espalda y los besos en mi cuello, aquellos que eran mi debilidad y al mismo tiempo mi consuelo por saber que eras para mí.

Sonará raro, pero incluso extraño los motivos tontos por los que solíamos discutir, extraño aún más las caricias que  marcaban el camino a las reconciliaciones, esas a las que nunca me pude resistir.

Extraño tanto los sueños que formaste en mi cabeza, esos en los que nunca te alejarías de mí, extraño nuestros locos planes, esos que algún día juramos cumplir.

Extraño nuestras tardes de hastió, en las que te daba por contar mis lunares,  por dibujar paisajes con las pecas de mi espalda, lo que más adoraba era que los desdibujaras con besos, con caricias entre las sabanas.

dormir

Y es que extraño tantas cosas de ti… pero lo que más extraño es la felicidad que experimentaba cuando estaba junto a ti.

Fuiste simplemente el amor de mi vida, el hombre que soñaba para mí, sin embargo ese hombre se ha esfumado, pues no se parece en nada al hombre que esta frente a mí…

No, en definitiva no te extraño a ti, extraño a aquel hombre dulce que hizo de todo para hacerme feliz.



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