Llegué a casa antes que de costumbre, mi rutina hoy fue más rápida, dejo mis cosas apenas puestas en el sofá y voy a la cocina a prepararme un café, pongo el agua a calentar, y de inmediato, mi cabeza se llena con los miles de pendientes que no pude hacer hoy pero que mañana deberán salir.

Miedos, complejos, todo cae en mi mente mucho antes que estuviera listo el café, quise dejar de pensar, puse el agua en la taza, dos cucharaditas de café, y una chiquita de azúcar, y fui revolviéndolo hasta llegar a la terraza, una vez ahí, me tumbé en el sofá y de nuevo comencé a pensar de más.

Con pequeños tragos de café, me di cuenta que no sirve de nada el tormento, que no sirve de nada exigirnos tanto si no paramos un segundo a disfrutar del logro. De nada sirve correr hacia el éxito si no disfrutas el trayecto.

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Entonces, aquí sentado, sorbo a sorbo de café, miro a mi alrededor y veo que no lo estoy haciendo nada mal, que puedo hacerlo mejor, pero que no es necesaria la tortura. Tengo mi ritmo, mis ganas, mi objetivo en la mira que es lo que me da la garra.

Estoy intentado callar las voces en mi cabeza que no me dejan concentrarme, quiero encontrar el paso firme, el trote lento que dura, no quiero cansarme antes de tiempo, estoy intentando dejar de dudar, ponerme en duda todo lo que hago no solo me hace pensar que no lo hago bien si no que voy en el camino erróneo.

Intento mirarme en el espejo y agradarme de nuevo, quiero enamorarme de lo que veo, recuperar el amor que no caduca, el amor propio que quizá un día eche al bolsillo roto del pantalón, me perdí buscándolo, sin darme cuenta que siempre estuvo ahí, en mí, bien adentro, tapado por kilos de papeles, de pendientes, ¿acaso todo estaba antes que yo? Que gran error, estoy intentando recobrar mi importancia, Dejar de hacerme pedacitos por que los demás estén completos. quiero ser primero yo, después yo, al último yo, y si me queda tiempo, ahí estaré yo.

Estoy dándome la oportunidad de fallar, de gozar del error, de sentirlo de vivirlo y de aprenderlo para no volver a repetirlo, o estar listo para hacerlo de nuevo si es que no aprendí la lección, intento no ser cobarde y afrontar mis errores sin echar culpas, ¡yo fui… yo lo hice! ¡Y lo volvería a hacer si lo creo necesario!

Estoy intentando aligerar mi cuerpo dejando de tragarme cada sentimiento, ya no quiero reprimirme de nada, quiero sentir con cada terminación nerviosa de mi cuerpo, estoy intentado dejarme llevar, estoy intentado dejar de pensar, actuar y comenzar a saborear la vida.

Estoy intentando no darle tanta importancia a lo que me aniquila, estoy tratando de sonreír de mis errores y así asimilarlos, estoy intentando no alejarme de quien amo, estoy intentando dejar hablar al corazón, quiero que se exprese por mí, él sabe exactamente lo que quiero decir, y estoy intentando  hablar con un abrazo, con un beso, quiero dejar hablar a mis sentidos, ellos saben cómo. Siempre y cuando deje de reprimirlos, y eso es lo que estoy intentando.

coffe

Aquí, mientras tomo mí ya frío pero aún rico café, me dispongo a dejar que la vida me sorprenda, Abro mis sentidos, y me dispongo a ser feliz…

La vida es como una taza de café, o la tomas a tiempo cuando está caliente, en su punto, cuando está lista para darte un soberano viaje de sabor, o te esperas a que este frio, oreado, reciclado, y sin el mismo sabor.

Estoy intentando callar mi mente, y saborear la vida que tengo en las manos en forma de taza con café caliente.

Idea Original: Montes Rendòn Jordy Armando “El Mítico”



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