A muchos les parecerá egoísmo o soberbia, pero no es así. Tan sólo me he dado cuenta que el amor de mi vida soy yo. Sí, así como se lee. Y no tiene que ver con que sea una persona arrogante ni mucho menos, simplemente se trata de quererme por sobre todas las cosas, de desear resolver mis miedos, sanar mis heridas y dejar atrás todo lo que me ha lastimado para afrontar el futuro con una actitud positiva y con la mejor de las caras. Ser el amor de mi vida significa que quiero ser feliz, estar bien conmigo misma, conectarme con mi propio interior y conocerme. Porque si yo estoy bien conmigo misma, puedo estar bien con los demás.

Se escucha fácil, pero en realidad no es nada sencillo llegar a ese estado donde uno es capaz de amarse a uno mismo en plenitud y sin reservas. No sólo estamos muy acostumbrados a poner las necesidades de los demás por encima de las nuestras, sino que muchas veces nos apegamos a cosas que creemos que nos darán la felicidad y que de algún modo amamos más que a nosotros mismos: dinero, un trabajo, un auto, una casa, el sexo, una pareja…

Varias dimensiones van cubriéndonos, creando una coraza que impide entrar en contacto con nuestra esencia, que es el amor por uno mismo.

No debes olvidar que si tú estás bien, el mundo irá bien. Si tus pensamientos y tus emociones vibran con esa armonía interna que es el respeto a uno mismo, tu realidad estará en equilibrio y tú te sentirás inundado por una alegría inmensa.

Tener amor propio no es algo que uno aprenda en la escuela o en un libro. Es algo que se descubre poco a poco, pues se trata de un arma poderosa que yace en nuestro interior. Pero, ¿por qué nadie nos había hablado de ella?

  • En nuestra sociedad nos educan y nos trasmiten el necesario valor de amar y respetar a los demás, lo cual es, sin duda, algo esencial.
  • No obstante, no es común que nos inculquen la necesidad de querernos a nosotros mismos. En ocasiones, no se ve con buenos ojos el priorizarnos, e incluso que un niño tenga determinadas reacciones que a veces relacionamos con un acto de egoísmo infantil.
  • El amor propio, el pensar simplemente que yo soy el amor de mi vida, no es un acto de egoísmo. No desde el momento en que esta dimensión está enfocada a construir y proteger nuestra autoestima.
  • Nadie se quiere a sí mismo porque se considera mejor que nadie, o con mejores méritos, o con más derechos. Nos queremos para protegernos, para  conocernos mejor, para que nada ni nadie nos manipule, para saber lo que queremos y lo que no.
  • El amor propio es un sentimiento que no debe avergonzarnos. Se trata no sólo de una herramienta para el bienestar interno, es  mantener un equilibrio con el cual, empatizar y respetar también a los demás.

Por último, queremos brindarte algunas estrategias para que siempre recuerdes que el amor de tu vida eres tú mismo:

  • Mantén un diálogo interno: analiza qué aspectos y situaciones cotidianas vulneran tu autoestima, y te alejan de quien eres en realidad. Tal vez debas dejar determinadas cosas, e incluso algunas relaciones puntuales.
  • Empatiza contigo mismo: estamos seguros de que empatizas con todo aquel que tienes ante ti. Comprendes su situación, su dolor, sus necesidades… pero ¿y las tuyas? ¿qué te dirías a ti mismo si estuvieras ante ti?
  • Eres auténtico, único e irrepetible. No es un slogan, no es una frase hecha. Es una realidad que debes empezar a creer desde hoy mismo. Dispones de virtudes, características y de una esencia que te hacen único en este mundo, y por tanto, importante.

Así que recuerda amarte siempre y en todo momento. Tú eres la prioridad en tu vida, nunca te olvides, nunca te relegues. Quiérete y acéptate como eres para que los demás te quieran y te acepten igualmente.

Autor intelectual: Valeria Sabater



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