Debo admitir que puedo llegar a ser demasiado romántica, y por ello un tanto soñadora. Sin embargo, ya estoy harta de las migajas de amor; creo que quiero y merezco algo mejor. Me acostumbré demasiado a aquellos hombres que no deseaban luchar por mí, que sólo querían algo fácil. Me acostumbré también a aquellos hombres que creen que debo decir que sí, siempre y a todo, y que piensan que sólo por prestarme atención ya debo complacerles a cada momento.

Es verdad que mi carácter es algo complicado, pero no por ello merezco hombres pusilánimes que no se atrevan a entregarse. Yo sé lo que quiero y voy por ello, y ya estoy cansada de tener que lidiar con personas que son más una carga que una compañía. Soy una mujer completa y no necesito de nadie para cumplir mis metas y alcanzar la felicidad; si alguien me quiere acompañar, bueno, si no, pues sepan que no estoy desesperada por encontrar a la pareja de mis sueños.

Ya me harté de los hombres de medio tiempo, esos que no se saben poner los pantalones, que tienen un cariño con horario, que no te cuidan pero tampoco te sueltan, que son mentirosos… esos hombres en los que no puedes confiar y con los cuales no puedes contar cuando estás en dificultades. No estoy generalizando, sé que no todos los hombres son iguales; mi crítica va para aquellos que no se responsabilizan de su pareja, que no saben cumplir y que traen a nuestra vida más problemas que alegrías.

A veces no nos damos cuenta de todo a lo que renunciamos cuando nos entregamos a alguien. Y es que, cuando estamos enamoradas, no vemos los defectos de nuestro hombre, estamos tan deslumbradas que no nos detenemos a pensar si en verdad estamos ante una persona que nos conviene. Y cuando menos nos dimos cuenta, ya estamos enganchadas en una relación de pareja tormentosa.

Hay una lección que todas las mujeres deberíamos aprender: no importa cuánto amemos a alguien, nadie, absolutamente nadie es indispensable en nuestra vida. Mucho menos un hombre que no vale nuestras lágrimas. Es un error pensar que el hombre del que estamos enamoradas es la única persona sobre la faz de la tierra. Sin embargo, es asombroso cuántas mujeres se comportan como si lo fuera, como si nadie más pudiera amarlas. Es muy lamentable.

Afortunadamente, yo ya me di cuenta de que no merezco un hombre así. Merezco un hombre que me ame de tiempo completo, que quiera que vayamos a París o a Roma, que se aviente del bungee conmigo, que recorra el campo y la ciudad a mi lado, que me deje arreglar su camisa antes de salir, que me permita besarlo aunque le embarre un poco de mi labial, que me sorprenda con detalles tiernos y que me deje sorprenderlo, y que un día, cuando estemos listos y sepamos que queramos estar juntos permanentemente, me dé el anillo de compromiso. Un hombre que me ame para toda la vida, sólo eso pido.   



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