A veces es inevitable perder a las personas que más amamos. Pensamos que nunca sucederá y luego cuando pasa nos deja en blanco, silenciados, confundidos. Le decimos adiós a alguien y nunca pensamos que será la última vez, suena tan trágico pensarlo de esa forma, tan innecesario. Pero pasa, esta es la vida real después de todo. Los cuestionamientos son innegables ¿no se supone, después de todo, que el amor real sobrevive incluso a lo más difícil?

Luego recuerdas que sentías que no podías un día más con las discusiones y te preguntas dónde quedó el compromiso, dónde quedaron esas promesas de dar lo mejor de ustedes mismos a la relación. Es terrible cuando la vida hace que nuestros caminos se separen, incluso si sabemos que nosotros mismos tenemos gran parte del poder sobre la decisión final. Sin embargo, quiero creer que en esta experiencia se esconde una lección valiosa. La lección de nunca olvidarnos de aquellas personas que son parte de nuestra vida, de preocuparnos de lo que aún tenemos y no de lo que ya no nos pertenece. ¿No es acaso esa la lección final de toda pérdida? ¿Que en la misma pérdida se encuentra lo que aún tenemos, lo que aún no nos deja?

Ahora que ya no tienes a esa persona nada tiene sentido como antes. De hecho, muchas veces sientes que serías capaz de volver atrás, a todo eso que no te gustaba tan sólo para volver a tener en tu vida todo lo bueno que este ser humano te entregaba. Es raro, pero es parte del proceso. Este querer y no querer, este sentirse culpable y preguntarse si acaso la decisión tomada fue la adecuada.

Todos sabemos, en este punto, que necesitamos seguir con nuestra vida. El problema es que no es tan sencillo aceptar que tendremos que dejar atrás tantos recuerdos y tantos planes que teníamos para el futuro. Sin embargo, vivir en el pasado no es una forma aceptable de vivir y aunque sabes que perdiste a una persona realmente importante, también sabes que en el fondo esta persona querría lo mejor para ti. Es lo extraño del amor, porque puede que ahora sea tu ex y todo, pero fue alguien tan importante, tan central en tu vida que no te importa lo que pase, siempre querrás lo mejor para él o ella.

Amar a alguien y perderlo, sabiendo que es el amor de tu vida, es un evento que nos cansa hasta la médula de los huesos. Nos deja física y emocionalmente exhaustos y sin ganas de volver a caminar. Nos deja sin esperanzas, con un montón de preguntas y con muchas miradas curiosas de nuestros amigos y cercanos que realmente parecen no entender por lo que estamos pasando. En este momento sentirás la necesidad de seguir con tu vida, y aunque puede que parezca que de una u otra forma te estás rindiendo, que estás dejando ir el amor que sentiste por esta persona y decepcionándola, la verdad es que es necesario dar el paso.

Las personas a las que amamos nunca nos dejan realmente, se quedan en nuestros recuerdos y en las lecciones que nos enseñaron para siempre. Es algo que sólo comprendemos cuando pasamos por una situación como esta, y si te sirve de consuelo, haber vivido esta experiencia y haber sobrevivido te hizo más fuerte y te dio la posibilidad de ver el mundo desde otra perspectiva. Eso es algo que no podemos olvidar ¿verdad?

Autor intelectual: Teresa Donoso



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