Cruzamos nuestros caminos inesperadamente. No sabía que él iba a aparecer y sé que él tampoco sabía que yo aparecería en su vida. Siempre he creído en el destino y en que todo se acomoda para que encuentres lo que buscas, por ello estoy segura que ya estaba escrito que aquella noche iba a ser nuestra noche. Y así fue, una noche de insomnio frente a la computadora desencadenó todo esto. Nos encontrábamos cada uno en su rinconcito de mundo, cuando de pronto surgió el primer “hola” que daría pie a toda una historia.

La plática se fue haciendo interesante, cada vez más envolvente, hasta que las primeras risas comenzaron a escaparse. Éramos dos completos extraños que estaban estableciendo una conexión auténtica, y yo, aunque ciertamente me encontraba sorprendida, nunca me lo cuestioné, nunca me dije: “¿por qué me pasa a mí?”, porque, como ya he dicho, creo en el destino y pienso que si algo debe pasar, simplemente hay que dejar que pase.

Fueron pasando los días y, sin darme cuenta, ya me encontraba buscando sus buenos días por las mañanas, y no me iba a dormir sin que ambos nos deseáramos buenas noches. Poco tiempo después, me sorprendí a mí misma deseando verlo con todas mis fuerzas, queriendo conocer en persona su sonrisa, la comisura de sus labios, el color de sus ojos.

Simplemente lo compartíamos todo. Charlábamos sobre temas tan profundos como simples, sobre nuestras teorías acerca de la existencia y el universo así como sobre las cotidianidades de nuestro día. Cuando me sentía exhausta, él estaba ahí para darme fuerzas; cuando me sentía triste, él me daba ánimos. Le compartí mis sueños y mis metas y él me hacía sentir que era totalmente posible alcanzarlos. Un poco más de tiempo y ya nos encontrábamos hablando de amor.

Apenas unas cuantas semanas atrás yo no sabía que existía un hombre como él, y heme aquí ahora, estamos juntos, por fin nos conocimos y ya lo siento tan dentro de mi vida, como si fueran años los que nos unieran. Ahora conozco bien esa sonrisa y las arrugas que se le marcan cuando la hace. Conozco bien el café de sus ojos (a mí, que no me gustaba el café, quién iba a pensar que terminaría sumida en esa profunda mirada). Sé que cuando se enoja mueve mucho el hombro izquierdo, que le gusta dormir del lado derecho de la cama y que le encanta que durmamos abrazados de cucharita.

No sé que es lo que va a pasar con nosotros, si el destino nos tiene deparado un futuro juntos o si, por el contrario, sólo será cuestión de días para que nos demos cuenta de que no somos el uno para el otro. Pero por hoy y un día a la vez, quiero ser feliz y hacerlo feliz, sin importarnos el mañana.

Sólo quiero finalizar con un consejo para aquellos que me estén leyendo: dense la oportunidad de encontrar el amor en las situaciones más inesperadas. Díganle “hola” a la vida y tengan confianza en que el destino les tiene preparado algo hermoso: su única tarea es saber reconocerlo y aceptar lo que venga sin miedo.

Autor intelectual: Madeleine Sánchez



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