Merezco un amor que me diga que me ama todos los días, que no le avergüence tomarme de la mano cuando vamos caminando por la calle ni darme un beso fuerte enfrente de medio mundo. Un amor que disfrute estar a mi lado a cada momento, que me acompañe a donde quiera ir y que me deje acompañarlo a donde él quiera, que me complemente, que sea diferente a mí pero que también compartamos gustos e intereses.

Merezco un amor valiente, que se arriesgue por nuestra relación, que nunca me diga que está cansado de estar conmigo, que jamás me diga “ya no puedo con lo nuestro”. Un amor que luche día a día, no atrás de mí, no delante de mí, sino a mi lado, hombro con hombro, por alcanzar juntos nuestras metas y conseguir lograr nuestros sueños más anhelados.

Merezco un amor que no tenga que perderme para extrañarme, sino que me extrañe todos los días, cada que nos despedimos para irnos a realizar nuestras actividades diarias, y que al volverme a encontrar me reciba con un efusivo abrazo y con un cálido beso.

Merezco un amor al que no le tenga que pedir detalles, sino que le nazcan del corazón. Y no me refiero a que me de regalos lujosos cada fin de semana, o a que me invite a comer a los restaurantes más caros. No, yo no quiero eso, la verdad es que no soy una persona interesada ni exigente. Lo que quiero es que me demuestre con pequeños detalles que le salgan del alma lo mucho que me ama: una carta, una flor, un poema, una canción, cosas que quizá no cuestan mucho dinero pero que valen mucho más para el corazón que mil lujos.

Merezco un amor que me comprenda, que me sepa perdonar cuando cometa un error, y que sepa aceptar mis defectos. A cambio, yo estoy dispuesto también a perdonar sus errores, y a tratar de enmendar los míos y a corregir mis defectos, pero para ello le pido su ayuda siempre, un amor que me de la mano para que me ayude a ser una mejor persona cada día.

Merezco un amor para quien la comunicación sea un valor muy importante. Alguien que esté dispuesto a hablar y platicar tranquilamente y con la mejor disposición para solucionar nuestros problemas. Un amor que no se altere fácilmente, que no se salga de sus casillas sólo porque tenemos un dilema de pareja. Alguien con la suficiente madurez como para enfrentar las dificultades con entereza.

En fin, merezco un amor que me trate como merezco, tal como yo estoy dispuesto a tratarle. Un amor que sueñe conmigo y que quiera despertar a mi lado. Un amor que me quiera tal y como soy, que me acepte con todo lo que mi ser implica y que esté dispuesto a entregarse y a recibirme por completo, porque yo también sé entregarme de pies a cabeza y de corazón a alma.

 

Autor intelectual: Ayrthon Monago



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