La gente tiene la idea de que el amor es una búsqueda ardua, de que hay que navegar los siete mares para encontrar a la persona indicada, y la realidad es que no es así. El amor no se busca; el amor hay que dejarlo que llegue y nos sorprenda de repente, como un regalo inesperado.

Recuerdo muy bien las palabras que me dijo mi abuela cuando yo apenas contaba con 12 años: “hija, el amor no es algo que debas buscar aquí o allá, sino que él te busca a ti y cuando te encuentra te cambia la vida, te alegra tu mundo con mil y un colores. Hija, estás a un corazón roto de encontrarte con el amor, con el verdadero amor, recuérdalo bien”. Desde entonces he esperado a que el amor toque mi puerta.

Ha pasado el tiempo desde aquellas palabras de mi abuela y he tenido varias relaciones. Aprendí, con el paso de los años, que para amar no se debe tratar de retener a alguien para que se quede en tu vida. Si esa persona en verdad te ama, se quedará y hará todo lo posible por demostrarte que le importas, con sus miradas, con sus caricias, con sus besos, con sus detalles, con todo lo que haga por ti.

Si sus acciones, su comportamiento y sus expresiones no te dicen que esa persona te ama, entonces es mejor dejarla ir. No se vale aprisionar a alguien que no nos quiere. Creo que a veces retenemos a las personas no por miedo a perderlas, sino por miedo a comenzar de nuevo. Creemos que no seremos capaces de abrir nuestro corazón otra vez, pero eso no es verdad. Todo corazón es fuerte y resiste los más duros embates. Nada está garantizado, pero puede ser que la próxima vez sea la buena, que la siguiente persona que se cruce en tu camino sea la definitiva, la que se quede en tu vida para siempre, la que has estado esperando por mucho tiempo. Y entonces, tus sufrimientos anteriores habrán cobrado sentido, y las palabras de la abuela habrán tomado su verdadero significado: “estás a un corazón roto de encontrarte con el amor”.

Autor intelectual: Mayra Cabrera



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