En ocasiones parece que estamos estancados en los mismos vicios, en un círculo del que es imposible escapar, como la serpiente de uróboros, que muerde su propia cola y nunca puede ver más allá. Cometemos equivocación tras equivocación y de pronto nos damos cuenta de que ello se ha vuelto ya una rutina, y pocos alcanzan a ver que detrás de ese círculo vicioso se encuentra otra forma de asumir la existencia, otro modo de vivir. Sí, hay una salida, solamente que no todos se dan el tiempo de detenerse a buscar cuál de las puertas es la que se encuentra abierta.

A veces le pedimos tanto a la vida cuando en realidad esta nos regala pequeñas alegrías a las cuales aferrarnos. Pero nos las vemos, y si las vemos, huimos, desaparecemos, escapamos, abandonamos. El miedo a perder lo que nos hace felices impide que nos arriesguemos a buscar más felicidad. Preferimos quedarnos en nuestra zona de confort, en la rutina conocida, porque le tenemos temor a encontrar una pasión, una alegría duradera. Por siglos nuestro ego nos ha dicho que somos la especie más inteligente sobre la faz de la Tierra, pero yo lo dudo, porque otras especies viven en armonía y felicidad con su medio ambiente; nosotros, en cambio, utilizamos todos nuestros recursos para complicarnos la existencia.

Vamos por este mundo creando y destruyendo a nuestro antojo, y sí, gozamos de lujos, de comodidades, de tecnologías impresionantes, pero, ¿cuánto hemos crecido en humanidad? Vagamos por ahí creyéndonos los amos y señores de este planeta, pero nadie nos ha otorgado ese título más que nosotros mismos. Hemos construido una civilización impresionante y, sin embargo, cada vez le damos menos importancia a la felicidad y al amor. Si alguien ama con locura y con pasión, se le margina por no pertenecer al club de los corazones fríos y vacíos de la sociedad contemporánea. Si alguien es feliz con lo que tiene, se le tacha de conformista hasta que se logra doblegar su espíritu y se le convierte en una persona ansiosa, obsesionada con el éxito y con fobia al fracaso.

Nos despertamos cada día y hacemos nuestras labores cotidianas sin detenernos a pensar por un minuto en lo que significa “vivir”. Vivir es más que terminar un camino. Vivir significa todo un mundo para cada persona. Mi intención no es decirte cómo tienes que vivir tu vida; por el contrario, lo que estoy tratando de decirte es que vivas conforme a tu propia forma de ser, a tus propios deseos, a tu propia naturaleza. Pero vive persiguiendo siempre esas pequeñas alegrías que le dan sentido a la existencia. Toma en cuenta que la vida es un viaje: disfrútalo y busca tu felicidad.

Autor intelectual: Hanna Castelruiz



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