Cuando te gusta un chico, el mundo cambia un poco, es como si algo en ti misma se moviese sutilmente. Si somos honestas, es algo que nos da bastante miedo, porque aunque nos enfrentamos a una posibilidad increíble de llegar a construir algo con alguien, también existe la posibilidad de que todo se caiga a pedazos frente a nuestros ojos. Si somos sinceras, la verdad es que ninguna chica quiere que le rompan el corazón y es por eso que muchas veces parece mucho más sencillo alejarnos, esconder nuestros sentimientos y salir con chicos sin dejar que nunca nos gusten o nos atraigan demasiado.

Hay tantas cosas que nos asustan. Mostrarnos tal y como somos frente a una persona no siempre es una opción y usualmente pensamos que cuando el momento llegue, esta persona simplemente saldrá de nuestras vidas. El abandono es algo que nos aterra y que nos sigue a todos lados y es que en muchas ocasiones nos sentimos debilitadas en vez de fortalecidas por nuestras emociones y sentimientos.

Nos importa tanto todo que pretendemos que no nos importa en lo más mínimo. Queremos ser esa chica ‘genial’ que lo vive todo sin pensarlo demasiado, pero la verdad es que no somos ella. El problema es que no queremos perder el control y no queremos sentir que hay algo más poderoso que nosotras mismas, que nos controla o que nos hace movernos de formas inesperadas.

Sentimos miedo de pedir más. Nos aterra pedir más atención y quedar como esa chica que pide demasiado o que es un poco extraña. Por alguna razón a las mujeres se nos enseña a pedir siempre lo justo y necesario y es por eso que nos cuesta tanto tiempo aprender que podemos pedir sin que nada malo suceda.

Al final, sentimos que es la única forma de realmente protegernos, es nuestro mecanismo de defensa. Hemos pasado tantos años cuidando de nosotras mismas y asegurándonos de sobrevivir todas las pequeñas tragedias de la vida que nos parece que sería terrible dejar que algo o alguien nos afectara tanto.

Es obvio que para vivir el amor también hay que vivir un poco de dolor, y que si no aceptamos a uno nunca podremos llegar al otro. Sin embargo, sigue siendo una decisión extremadamente difícil que aún no logramos tomar y que seguiremos sin tomar por algún tiempo. Al menos hemos llegado al punto de poder admitir la real razón y de decirle al mundo que no es que tengamos un corazón frío, es que sentimos tanto y con tanta intensidad que no hay otra forma de vivir en un mundo como éste.

Autor intelectual: Teresa Donoso

 



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