Te lo aseguro. No, te lo prometo; o mejor dicho, me lo prometo a mí misma. Solía culparte por hacerme daño, por tratarme como un objeto reciclable que puedes usar después de haber acabado con tu entretenimiento. Por darme alas para volar lejos, a donde yo quería y después cortarlas de una sola tajada. Pero ¿sabes? La culpa no la tienes tú; sino yo. Es duro reconocerlo y aceptarlo. Pero creo que es el primer paso para comenzar a salir del podrido pantano que representa “tu amor”.

Me lo juro, esta, es la última vez. Que te deseo más que a nada, que mi mente baila un tango de horas pensando en ti a la hora de dormir, que al escuchar tu nombre mis músculos se contraen junto con el corazón, que maldigo las ansias de mis labios por sentir los tuyos y que me presto a tu altanera indecisión que juega conmigo… Que disfruta tenerme y dejarme, mirarme y perderme, amarme y odiarme.

No sé yo en que momento me dejé, me abandoné permitiendo que te encarnaras en las capas de mi piel, clavándome los alfileres de tu indiferencia, de tu inmadurez. Me libero de ti, de tus llamadas nocturnas, de tu risa escandalosa y de la espera de una frase de amor que me derritiera el corazón, de todo lo que me hace vivir y morir después, porque tengo miedo, de que llegue el momento donde un zarpazo del dolor que me provocas me mate para siempre.

2

Quisiera que te fueras y me lo hicieras más fácil. Que me dejaras dejarte, que tuvieras piedad de mí y me permitieras arrancarte más fácilmente de aquí, de mi pecho, de mis ojos, de mis uñas que se aferran a ti. Que no utilizaras tu consciente pensamiento de lo que causas en mí, de lo fácil que es que yo caiga en tus redes, como un depredador cazando a su presa.

Que te quise, que te quiero, no lo niego. Yo jamás miré la simetría de un rostro, de un cuerpo como mire el tuyo, jamás anhelé tanto conocer los más íntimos secretos de un alma, limpiar las lágrimas de alguien con mis besos, saborear cada bocado de su tiempo, entregarme sin miedo… pero hoy, yo te digo que te despojo de lo más profundo de mis entrañas, de lo más hondo de mi corazón, ahí donde hasta hoy,suicidamente, permití que habitaras tú.

 

 

por Itzel Dueñas



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