¿Por qué seré yo a la que siempre hieren, incluso aquellas personas que yo juraría que no serían capaces de lastimarme? Resulta que soy yo la que siempre tiene que andar perdonando, la que se traga todas las mentiras y se aguanta todos los engaños. Soy yo quien aceptó ser la amante en vez de ser la novia formal. Soy yo quien tolera que vengas a visitarme cada que se te pegue la gana, o cada que te dan las ansias por hacerme tuya para luego botarme como si fuera cualquier objeto que se usa y se desecha. Soy yo quien acepta fingir que sólo somos amigos cuando por dentro me muero por gritarle a todo el mundo lo que siento por ti.

A pesar de todo, soy yo la mujer que te ama como nunca te han amado. Soy la que está pegada a su teléfono esperando a que te dignes a llamarme aunque sea para decirme “hola, ¿cómo has estado?”. Soy yo quien por las noches se pone a llorar desesperada, sin saber qué más hacer para que me des un poquito de tu tiempo.

Quizá tú no lo notes, porque a tu lado trato de aparentar entereza y me hago la fuerte, pero créeme, por dentro estoy destrozada y me siento muy mal conmigo misma por quererte tanto y que tú me veas sólo como un plato de segunda mesa. Lo peor es que sé que en estos momentos debes estar con ella, quizá diciéndole las cosas lindas que a mí me gustaría que me dijeras, acariciándola como a mí me gustaría que me acariciaras siempre o dándole los besos que a mí me gustaría que fueran exclusivos para mí. Pero no, lamentablemente te tengo que compartir.

Y la verdad yo sé que aquí la única culpable soy yo, por aceptar seguir este juego en el que yo soy tu segundo juguete, el que agarras solamente cuando te cansas del primero, pero que dejas a un lado cuando quieres para volver con aquel, una y otra vez. Y ya estoy harta, harta de jugar a ser amigos y darnos besos a escondidas, harta de complacerte en la cama y en la calle no poder saludarte por tu miedo a que sepan de lo nuestro. Estoy harta de ser la otra, la que solamente te sirve como desahogo, la que no amas, la que sólo deseas, la que nunca verás con los ojos de cariño con los que ves a aquella.

Estoy harta, pero aquí sigo, sin poder escapar de tu embrujo…

 

Autor intelectual: Julieta Requena



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