Somos mujeres que hemos adquirido una gran fortaleza a base de golpes de la vida. Somos independientes, no nos gusta depender de nada ni de nadie. Nos chocan los sentimentalismos, tanto que algunos nos llegan a decir que no tenemos sentimientos. Y a veces actuamos como si eso fuera verdad. No creemos en cuentos de hadas, y cuando alguien nos dice que nos bajará la luna y las estrellas, lo primero que hacemos es soltar una buena carcajada. Somos sarcásticas y nos fascina el humor negro, y eso es algo que a la mayoría de los hombres les asusta, por eso muchos salen corriendo ante nuestra presencia y pocos se atreven a pisar nuestro terreno en busca de conquistarnos.

Sabemos perdonar, pero nunca olvidamos una ofensa, una injuria, un desengaño o una traición. Tenemos nuestra lista negra, y créeme, es mejor que nunca estés en ella porque te puede ir muy mal. A veces nos encariñamos con algunas personas, sí, así como nos encariñamos de un perrito bonito que menea la cola y que hace alguna que otra gracia, nada más. Nunca esperamos que los demás correspondan a nuestros sentimientos, antes bien, conocemos la verdadera naturaleza de las personas: desleales, infieles, traidoras, por eso no confiamos en nadie.

Sabemos que la gente nos mira con cierta extrañeza, porque somos entes solitarios. Y es que no somos de las que se mueren por tener pareja, ni soñamos con citas románticas a la luz de la luna. Tenemos nuestras aventuras, sí, pero así como las conseguimos, así de fácil las botamos también, porque no nos gusta engancharnos con nadie. No tenemos dueño. Nos gusta nuestra soledad, nuestra individualidad y nuestra independencia. No le rendimos cuentas a nadie y eso nos hace sentir libres.

Somos frías y calculadoras, y eso genera cierto temor pero a la vez admiración en la gente. No somos la pareja de los sueños de nadie, pero somos amigas sinceras, un compadre alegre y vivaracho para nuestros amigos hombres y una comadre sincera para nuestras amigas mujeres.

La sociedad nos moldeó de esta forma, no es que hayamos nacido así. Hemos conocido el rechazo desde pequeñas, y conforme fuimos creciendo entendimos lo que era la traición, la deslealtad, la infidelidad, el engaño y la mentira. En algún momento nos dimos cuenta de que la única persona en la que podíamos confiar plenamente era en nosotras mismas, y por eso hoy estamos comprometidas con nuestro éxito, con nuestra salud, con la consecución de nuestras metas y con el alcance de nuestros sueños.

 

Autor intelectual: Diveana Rodríguez



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