No pedí verte y aun así aquí estas. Es extraño que cuando mi intención es verte, nunca estás presente. Aprovecho que estás para disfrutar al máximo el tiempo que vayas a pasar a mi lado.

Te veo y te sorprendo mirándome, te volteas a otro lado y luego vuelvo a voltear pero tú ya miraste de nuevo. No nos ponemos de acuerdo para hacer las cosas al mismo tiempo. Nos conocemos desde hace un tiempo, pero siempre que nos vemos, nos hacemos ajenos.

Es un gusto raro que a ambos nos agrada, porque vuelve las cosas un poco más divertidas. Vienes y te quedas, pero cuando te abrazo comienzas a viajar… vienes pero en realidad te vas.

No sé si abrazarte cuando te mueves, porque cuando te quedas quieto, prefiero mirarte y cuando te miro, tú gustas de hablarme. No podemos quedarnos en silencio, fingiendo que no hacemos nada, porque hacemos mucho mientras nos miramos, más que cuando en realidad sólo nos miramos.

No atino cuando debo sólo escucharte, porque cuando callo para que hables, tú te callas para escucharme. Te pongo atención mientras salen de tu boca las vocales, pero de repente quieres que yo sea quien hable.

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A veces es extraño que no podamos ponernos de acuerdo, pero es infinitamente divertido hacer las cosas de manera impar, como si en realidad no podamos ser un equipo y es que a decir verdad somos una pareja muy dispareja.

Amarnos al mismo tiempo es lo que mejor hacemos, no importa que a veces yo venga mientras que tú te vas y otras tú vienes aunque yo ya me haya ido. Vendremos, iremos y regresaremos las veces que queramos, porque ese es el secreto de nuestra felicidad.

Porque así es el amor, impredecible, alocado, intranquilo, exaltado, apasionado, pero sobre todo caluroso y cansado. Es un sube y bajas que no acaba; un tren que improvisa su vías. Pero es así como nos gusta.



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