O de sentirnos completamente vulnerables.

El miedo a amar, a sentir, a dejar de lado nuestros escudos y mostrarnos tal cual somos. Sentimos miedo a que alguien nos haga daño, e, incluso, tenemos temor a que algo o alguien nos haga perder la fe en el amor, o en la vida misma. Y es eso mismo lo que no nos permite ser completamente nosotros mismos, solemos levantar una barrera frente al resto para que nos proteja y no nos permita sufrir. Y eso es lo peor.

Sentimos más temor que amor por alguien, o por nosotros mismos. Esperamos controlar todo, nuestra vida, nuestras rutinas, nuestros sentimientos. Estamos seguros de que si nos enamoramos de alguien nuestros muros de protección caerán y le daremos a esa persona todo el poder de hacernos daño, pero no sabemos que depende de nosotros que eso no pase. Tenemos miedo de cambiar nuestra esencia, de modificar nuestra rutina, y de convertirnos en alguien que no somos.

Y es tanto nuestro temor que no nos permitimos abrir los ojos, ni menos nuestro corazón. No nos permitimos encantarnos con la vida, ni mucho menos de sentirnos enamorados de alguien. Deja ese temor de lado y dale una oportunidad a amar, a inspirarte, a sentirte vivo nuevamente. A vivir. Es claro que en la vida siempre habrán altos y bajos; alegrías y tristezas; amores y desamores, pero si vives constantemente con el miedo a sufrir o descubrir algo nuevo, entonces nunca podrás disfrutar de la vida como se debe.

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Date una oportunidad. Inspírate. Busca eso que tanto te apasiona y encuentra a esa persona que te haga sentir amor como nunca antes, y te prometo que volverás a sonreír, pero ni siquiera porque esa persona lo haga, sino que porque tú mismo estarás dispuesto a serlo, y ya habrás perdido el miedo a ser vulnerable, habrás perdido el miedo a sufrir.

Incluso, el miedo a vivir.

 

Por Andrea Araya Moya



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